Cap 20 Dejar en claro

1074 Palabras
Noa aunque estaba confundido no creía mucho en sus palabras. Se encerró en el baño lavándose y al mirarse en el espejo intentaba despejar su mente, agarró fuerte el lavabo tratando de buscar en su mente, sin embargo. No recordaba nada… al salir Jimena se vestía cabizbaja, en la cama no estaban las sábanas para cubrirse solo el cubre colchón y noto una mancha roja. Esto puso de muy mal humor a Noa. Busco su ropa diciendo. “Te llevaré a tu casa”. Ella afirmó tímidamente mirándolo, al girar y no verle más, molesta frunció el ceño. Noa desconfiaba de ella. Noa estacionó el auto, todo se quedó en silencio por unos segundos, la actitud de Jimena era sumisa y llena de tristeza, daba pena. Noa suspiró largo. “Lo que paso…” Tomó unos segundos para explicarse bien. “De verdad no estoy seguro, no recuerdo nada, pero te voy a dejar en claro algo”. El giro a mirarle, Jimena puso atención. “Yo tengo novia y estamos a punto de casarnos, no me gustaría tener problemas con ella. La amó”. Jimena no podía aguantar su furia, se tranquilizó apretando sus manos y trató de hablar lo más tranquila posible. “Yo tampoco lo recuerdo… No quiero que me veas como una cualquiera, es la primera vez que estoy en una situación así…” Ella habló cabizbaja y preguntó. “Esa mujer… a la que amas… ¿Es Grecia?”. Noa entrecerró los ojos hacia la chica. ¿Cómo sabía sobre su relación con Grecia? Jimena al notar el cambio en su rostro se explicó rápidamente. “Los vi el otro día juntos…” “Si, la mujer que amo es Grecia, estamos juntos desde hace algunos años y queremos casarnos”. Le dejo claro todo inmediatamente. Jimena le soltó la bomba. “Ella fue novia de mi hermano, le sacaba mucho dinero, después mi hermano la encontró con su mejor amigo Luis en un hotel, ambos se aprovechaban de él. Cuando mi abuelo murió, nos enteramos que fue también su amante... El abuelo le dejó una gran cantidad de dinero y un contrato para ser la encargada de las estrellas por cinco años”. Noa estaba incrédulo. “¿Mientes?”. Jimena se acomodó en el asiento. “No lo hago, tú mismo puedes preguntarle, mi familia nunca la aceptó y ella hizo hasta lo imposible porque mi hermano la aceptara de nuevo. Hasta inventó que estaba embarazada, sin embargo, nadie le creyó, quería vengarse por eso se acercó a mi abuelo”. “Baja del coche”. Le ordeno fríamente. No quería seguir escuchándola. Jimena quería quedarse, pero notó inmediatamente la mirada de Noa. Bajó y Noa arrancó inmediatamente. Al llegar a su departamento Noa se dejó caer en el sillón de la sala, colocó sus manos en su cabeza apretando fuerte, tenía mil ideas y no estaba bien para enfrentar a Grecia, necesitaba respuestas y pensar bien todo. Pasaron dos días. La señora Isabel y Lorena se fueron a la ciudad de Rosario, después de instalarse, Lorena llevó a su cuñada a la casa de Lidia, ella amablemente las dejó entrar. Lorena y Lidia se conocían desde hace años, eran vecinas, pero Lidia no sabía que era la tía de Emanuel. Lorena saludo presentando a Isabel. “Ella es mi cuñada Isabel, vivirá conmigo por un tiempo, es maestra de piano y me pareció buena idea que le de clases a Ema”. La señora mayor Lidia, sonrió. La mujer era muy elegante y fina, se notaba inmediatamente, a la mujer le gustaba codearse con gente así. “¡Excelente! He estado buscando una maestra para mi pequeña Ema, está muy interesada en la música, pedí el piano hace unas semanas y llegó ayer, yo no sé mucho de eso ¿Pueden revisarlo?”. Isabel confirmó caminado a la sala encontrándose con un gran piano de cola cerca de una ventana, ahí estaba la pequeña de pie frente al piano, llevaba su osito abrazado en una mano y los deditos de su otra mano acariciaban las teclas”. Isabel al ver a la pequeña se le hizo un nudo en el pecho y sus lágrimas intentaban escapar, Lidia frunció el ceño al ver esto, Lorena la tomó del brazo pidiéndole un momento a solas. Al estar un poco lejos Lorena le comunicó. “Mi cuñada acaba de perder a su hijo… Y todavía está algo triste, se que el enseñarle a la pequeña Ema le hará bien”. Lidia confiaba en su vecina y aceptó, pero aun así la estaría vigilando. Se fueron a la cocina para preparar café. Isabel se acercó a la niña. La pequeña al sentir su presencia giro mirando a la mujer mayor, era una extraña sin embargo a Ema no le dio miedo, algo en la mujer le resultaba interesante, vestía muy elegante como la amiga de su nana. La señora Isabel admiro a la pequeña, llevaba un vestido amarillo sencillo corto, tipo princesa, su cabello largo y castaño estaba recogido en un moño alto que caía en sus hombros y sus hermosos ojos negros era iguales a los de Emanuel. “Hola pequeña”. Dijo la mujer mayor, su voz temblaba un poco. Ema escudriñó a la mujer por un momento antes de contestar. “Hola”. Su madre le había explicado sobre los extraños, que podían ser personas peligrosas y debía tener cuidado, pero la mujer frente a ella no le parecía mala persona. La señora Lidia entró a la sala con una bandeja donde llevaba las tazas de café. “Ema, cariño. Ella será tu nueva maestra de piano, es la señora Isabel”. Ema entendió haciendo un asentamiento hacia su nana y volvió la mirada a la mujer preguntando. “¿Me vas a enseñar a tocar?”. Isabel sonrió suavemente al escuchar la voz de la pequeña. “Si, tocaras todo lo que te guste”. Ema aun desconfiada de un extraño, camino hasta el banquillo sentándose, Isabel la siguió tomando el otro espacio que quedaba, empezó a decirle el nombre de cada nota, Emma estaba muy atenta a cada sonido, su carita se iluminaba con cada sonido diferente y memorizaba cada nombre. Lorena las miraba desde el sillón con gran alivio, al fin Isabel conocía a su nieta.
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