Grecia salió del lugar ayudada del abogado, en dos ocasiones estaba por desmayarse y el hombre la llevó al hospital de emergencia, Doris llegó rápidamente. “¿Qué pasó? ¿Por qué estás aquí?”. Ella con angustia acarició la mano de su amiga.
Grecia apretó fuerte la mano de Doris y se dirigió al abogado que estaba de pie en la habitación. “¿Hay alguna forma de revocar lo que el señor Alarcón dispuso?”.
El hombre acomodó sus lentes negando con su cabeza.
“¿El dinero puedo devolverlo?”. Siguió cuestionando.
El abogado afirmó. “Si, pero tiene que pasar un año, el señor Alarcón se lo dio para su seguridad, no podemos saber qué puede pasar en el futuro inmediato”.
Grecia entendió lo que el abogado le advertía, ahora con más ganas la familia Alarcón podrían querer lastimarla, sin embargo, no quería el dinero y estaba decidida a no gastar ni un solo peso.
Doris la llevó al departamento y la ayudó a recostarse, minutos después le llevó un té caliente a la habitación, avisándole. “Tengo que ir a ver a mi madre, está enferma, volveré lo más rápido que pueda”.
Grecia la tranquilizó con una pequeña sonrisa. “Está bien, no saldré estos días, ve y cuida de tu mamá”. Doris no estaba muy segura de dejarla sola, pero tenía que irse.
Grecia se recostó en la cama tocando su vientre, su futuro sería difícil, pero lo enfrentaría por su bebé.
Se escuchó que tocaban la puerta, ella abrió los ojos y verifico la hora en su teléfono, eran las 11 de la noche, se levantó caminando hasta la puerta que era golpeada bruscamente.
Al abrirla se encontró con Emanuel, era muy alto y delgado, tenía el traje deshecho y el cabello despeinado, llevaba una botella en su mano derecha.
Al verla le sonrió tontamente con los ojos algo perdidos por la borrachera y entró abrazándola. Grecia abrió mucho sus ojos. “Emanuel”.
El empezó a besarla muchas veces en la cara bajando por su cuello. “Mi amor…” Emanuel alcanzó sus labios haciendo el beso más profundo, metió su mano en el pijama de Grecia, ella se alejó inmediatamente. “Debes irte”. Le advirtió.
Emanuel negó abrazándola más y oliendo su perfume. “No me iré… Quiero hacerte el amor”. Volvió a sus labios.
Ella intentaba negarse, sin embargo, tenerlo aquí y así era algo que no podría tener nunca más, solo en ese estado Emanuel era de nuevo amable y cariñoso, el hombre que amaba había vuelto a ella.
Emanuel la llevó a la cama de su dormitorio entre besos y caricias, hábilmente quitó su camisón y la recostó en la cama sin dejar de atacar su boca. Sus labios eran como fuego para Grecia, la derretían al instante mientras él jugaba por su cuerpo, el ambiente se tornó más apasionado, entró en ella al sentir su humedad, ella gimió mientras él se movía en vaivén, Grecia se apretó fuerte a su espalda sintiendo el fuego en su interior, ambos se movían convirtiéndose en uno solo.
Emanuel agitado terminó, gotas de sudor caían en el rostro de Grecia que trataba de calmar su respiración, él la miraba fijamente en silencio, Grecia notó esos ojos oscuros que estaban fuera de sí. Emanuel volvió a entrar en ella bruscamente, Grecia apretó los dientes.
“¿Te gusta?”. Preguntó mientras la tomaba por el cuello acariciándolo.
Ella no podía hablar. Tratando de acostumbrarse a los movimientos de Emanuel.
Emanuel volvió a preguntar con voz más fuerte. “¡Dime! ¿Te gusta? O ¿Te gusta más como te lo hace Luis?
Grecia abrió mucho los ojos y volvió a su conciencia.
Emanuel siguió atacando. “O… Me vas a decir que mi abuelo te folla mejor”.
Ella empezó a luchar por quitarlo de encima, pero fue inútil, Emanuel siguió mientras le repetía las mismas palabras, cuando todo terminó Grecia se levantó tropezando hasta el baño donde se encerró.
Al verse en el espejo lloró incontrolablemente, sus labios estaban hinchados, su cuello y clavícula llenos de mordidas, le dolía todo, temblaba de pánico recordando las duras palabras que el hombre le mencionaba. Emanuel había sido un salvaje.
Ella se asustó, salió del baño, todo estaba en silencio en la habitación, entre la oscuridad de la anoche y la luz de la ventana lo encontró dormido en la cama boca abajo, busco su ropa y llamó a Farid.
Él llegó veinte minutos después. Grecia lo dejó entrar en silencio. Farid la observó por un momento y notó las marcas en su cuello. Grecia al sentir su mirada se cubrió. “Puedes llevártelo por favor”. Suplico esperando terminar esa pesadilla.
Farid trató de despertar a un Emanuel completamente perdido, lo ayudó a vestirse y salieron del departamento a tropezones, Grecia al cerrar la puerta se dejó caer llorando recargándose en la pared.
Fin del recuerdo.
Actualidad…
“Llegamos”. Dijo Doris haciendo que Grecia volviera en sí, al ver el departamento, se sintió más tranquila, bajaron juntas.
Ese día Noa le envió un mensaje de que no llegaría por la noche, Doris y Grecia cenaron juntas y buscaron en internet algunas casas o edificios pequeños donde pudieran empezar la escuela de baile en Rosario, se comunicaron a varios lugares para pedir informes y fueron a dormir.
Por la mañana…
Noa despertó con migraña, al levantarse sus ojos molestaban, la noche anterior solo bebió un poco al festejar el final de las promociones digitales y anuncios de televisión. Observó el lugar encontrándose en una habitación desconocida. Siguió examinando y se encontró con Jimena del otro lado de la cama dormida.
Notó que no llevaba su camisa y solo el pantalón. Movió a Jimena. “¡Oye! ¡Despierta!”.
Jimena abrió los ojos y bostezó con mucha calma. “¿Qué pasa?”.
“¡Eso quiero saber! ¿Qué pasó anoche? ¿Por qué estamos aquí?”. No comprendía nada. Su mente divagaba entre la fiesta y las bebidas que tomó junto a los asistentes.
Jimena se sentó, no llevaba blusa, solo su sostén. “Ayer bebiste y te ayude a subir a descansar, empezaste a besarme y nosotros…” No terminó la oración mostrando un rostro lleno de vergüenza.