Años atrás…
En la mansión de los Alarcón, Grecia respiro hondo antes de bajar del coche, el abogado la esperaba en la puerta. “Señorita Medina, bienvenida la estamos esperando”.
Al entrar caminaron por el gran recibidor hasta el comedor donde se escucha la voz antipática de Jimena. “¿Quién es esa persona que tenemos que esperar? Se me hace una falta de respeto, mi abuelo no pudo haber mencionado a nadie más en su testamento…”
El abogado entró y detrás estaba Grecia, todos contemplaron a la mujer sin comprender que estaba haciendo ahí. Jimena inmediatamente se levantó. “¿¡Tú qué haces aquí!? ¡Lárgate!¡No fue suficiente lo que le hiciste a mi hermano!”.
Emanuel la miraba sin comprender. El señor Alarcón frunció el ceño, pero estaba más calmado. Su mirada era penetrante.
Grecia tranquila estaba en silencio, el abogado se interpuso para que Jimena no se acercara y les indicó. “La señorita Medina está en el testamento del señor y tiene que estar presente”.
Todos se miraron entre sí en el gran comedor, la familia estaba toda al fondo, el abogado le pidió a Grecia que tomara asiento en el otro extremo lejos de los presentes.
Ella tomó asiento, sus manos sudaban y estaba muy nerviosa, la obligaron a venir, se había negado, pero tenía que estar presente, sino el testamento no podía ser leído y tendría muchos más problemas con la familia de Emanuel. Ella lo observó de reojo, él estaba furioso en la mesa, se notaba al instante, como sus mejillas se movían con la respiración pesada.
Ella se concentró en sí misma tratando de estar calmada esperando que todo terminara pronto, las miradas de todos estaban en ella y no podían disimular su molestia y confusión.
“Empecemos…” Dijo el abogado.
Se empezó la lectura, se habló sobre las propiedades y las cuentas de banco, eran millones…. se explicó cómo sería repartido, el padre de Emanuel se quedaría al mando de la universidad, Farid y Emanuel con toda la publicidad y marcas, a Jimena se le dejo un fideicomiso que sería entregado cuando terminara de estudiar y una mensualidad como nieta del hombre mayor. Ella no estaba muy de acuerdo, quería el equipo de las estrellas, sin embargo, eso ya lo arreglaría con su papá más adelante.
Por último, se nombró a Grecia. El abogado hizo una pequeña pausa y habló. “La señorita Grecia Medina tiene un contrato como entrenadora y encargada del equipo de las porristas Las estrellas por cinco años,”.
Jimena dio un brinco en su lugar. “¡Eso es imposible!”.
El abogado mencionó, por último. “También se le entregará la cantidad de dos millones de dólares”.
Emanuel giró a verla con el ceño fruncido, Grecia estaba aturdida. No podía creer lo que decía el abogado, ella empezó a negar con la cabeza, pero no podía articular ninguna palabra.
Jimena estaba histérica, su madre trataba de controlarla, pero era inútil. Farid la tomó del brazo advirtiéndole que se calmara.
El señor Gustavo se levantó inmediatamente de su silla arrebatando el testamento, el abogado no se quejó conocía el temperamento del hombre, dejó que leyera.
“¡No puede ser!”. El Señor después de leer levantó la mirada observando de manera horrible a Grecia. Ella solo trago saliva y empezó a sentir náuseas.
Emanuel desesperado se puso de pie y la tomó del brazo levantándola, la miraba fijamente con los ojos oscuros. “¿Por qué mi abuelo te dejó ese dinero? ¿Qué tenías que ver con él? ¡Dime!”.
Ella no podía hablar, no entendía porque el hombre mayor le dejó ese dinero, ni mucho menos el contrato.
“¿Acaso? ¿Te acostaste con él también?”. Las palabras de Emanuel eran duras para Grecia.
Ella negaba con lágrimas corriendo por su rostro. “Yo… no…”
Jimena estaba completamente loca. “¡Eres una puta!”. Trató de lanzarse contra Grecia, pero Emanuel la detuvo, la señora Isabel madre de ambos empezó a llorar e hiperventilar, su cuñada Lorena trataba de ayudarla a respirar.
Todo era un caos, Grecia quería correr y salir de ahí, el abogado puso orden y les pidió a todos que se sentaran. “Todavía no terminamos”.
Le indico a una persona en la puerta y varios guardaespaldas entraron haciendo que el ambiente se tornara más inquietante. Todos estaban para proteger a Grecia.
Todos volvieron a sus asientos muy agitados, Emanuel bajó la mirada y apretó sus puños, Grecia notó de inmediato que estaba furioso. Quería correr y abrazarlo, explicarle que ella no tenía nada con su abuelo, solo se habían visto un par de veces, no entendía el porqué de esta decisión.
El abogado terminó diciendo. “El contrato es irrevocable…” Hizo una pausa. “Si la señorita Medina no es entrenadora por cinco años las estrellas serán eliminadas y no podrá hacerse otro equipo en todos esos años.
Las estrellas eran muy importantes y traían a los Alarcón mucho dinero al año, no podían prescindir de las animadoras, eso era imposible.
Grecia quería negarse, ya no quería saber más de esta familia ni de la universidad, al escuchar lo que dijo el abogado pensó en todas esas chicas y su futuro.
El abogado dio por terminada la lectura del testamento, todos se levantaron de sus lugares salieron muy enojados, el señor Gustavo se encerró con su abogado en el estudio para revisar todo el testamento y formar de revocar lo antes mencionado. Jimena subió dando un portazo a su habitación, Lorena e Isabel le dieron una última mirada a Grecia que estaba estática en su lugar, ella tenía baja la cabeza con mucha pena.
Al irse todos Emanuel se levantó y caminó directamente hasta Grecia uno de los guardaespaldas se acercó al ver la intención y su orden era proteger a Grecia.
Emanuel derrotado hizo una línea de su boca y desde la distancia le dijo. “Nunca me imaginé que fueras ese tipo de persona… Confíe tanto en ti… Te ame con todo mi ser… y así es como me pagas…” El salió del comedor en silencio, Grecia al estar completamente sola rompió a llorar, se cubrió el rostro sollozando, el abogado le dio unos minutos y le pidió que salieran de la casa, no era seguro que se quedara ahí, su jefe el abuelo Alarcón que en paz descansaba le había advertido todo lo que tenía que hacer para proteger a la mujer.