Capítulo 7

1190 Palabras
Pensé que, al dormir y pasar un día, al día siguiente me levantaría y todo sería diferente, pensé que olvidaría a Elena y que firmaría el divorcio como si nada, pero la verdad es que no he podido ni siquiera escribir la inicial de mi nombre, y la incómoda que sentía ayer y ese gran vacío en mi se iría, pero la verdad es que nada ha sido así. Hoy me siento igual o quizás peor que ayer. Bajé a desayunar y en ese gran comedor donde me sentí solo, todos los días Elena estaba esperándome para desayunar juntos, pero hoy al igual que ayer ella no se encuentra aquí. ¡Maldición! Solo me la paso pensando en ello y lamentándome como un idiota. —Señor aquí tiene su café. —Gracias María. — le digo a la sirvienta, que por alguna razón en vez de retirarse y se ha quedado mirándome en silencio, pero con la clara intención de decirme algo. — ¿Sucede algo? — le pregunto con la intención de que diga lo que desea y se vaya, me molesta que me miren fijamente como si me culparan de algún crimen. —Disculpe mi atrevimiento, pero estamos preocupados por la señora. — me dice y rápidamente fijo mi mirada en ella. —¿Quiénes son lo que están preocupados? — Todos en esta casa lo estamos, ayer no la hemos visto y hoy tampoco está aquí. — me dice y yo hago una mueca parecida a una sonrisa, pero la realidad es que lo hago por pura ironía, todo el mundo en esta casa la quiere excepto yo. — La señora se ha ido y no va a regresar, así que olvídense de ella y no quiero escuchar nada con respecto a esa mujer en esta casa, ahora retírate quiero desayunar solo. — le digo y la chica se va sin decir nada. Traté de comer mi desayuno, pero apenas me pude tomar el café que me habían traído. Molesto y aún con Elena metida en mi cabeza. Salí de la casa y subí al auto donde mi chófer me estaba esperando para irnos a la empresa. Al igual que con mi empleada sentía la mirada inquisidora de mi chófer. Mi teléfono empezó a sonar y yo tomé la llamada sin mirar que es la persona que me está llamando. —Hola. — Le dije en tono duro y molesto. —¿Qué te sucede, pareces molesto? —me dice mi hermana Carolina. —No es nada que sea de tu incumbencia. — le contesto en tono frío. — Veo que hoy estás que ni el sol te calienta. —Déjate de sarcasmo. — Ya veo la razón de porque Elena te dejó. — me dice golpeando duramente mi ego. —Para eso me has llamado, para burlarte de mí. —No te estoy llamando para burlarme de ti, si no para felicitarte, lograste lo que siempre quisiste y ahora eres un hombre libre. Ahora puedes estar libremente con tu amante, aunque no creo que estar con ella escribiéndote en público mientras estabas con tu esposa haya sido para ti un problema. —No sé si agradecerte por tu consideración al llamarme para felicitarme ahora que ya Elena se ha ido o simplemente esto sea un reproche. —Tómalo como tú quieras, lo único que espero es que nunca recuperes tus recuerdes, porque si lo haces te arrepientas de todo lo que has hecho. —Carolina no me apetece seguir ablando contigo, Adiós. — le digo y cierro la llamada de manera brusca y luego arrojó mi teléfono a un lado. Frustrado recuesto mi cabeza hacia atrás e intento mantener la calma. —Entonces es cierto, la señora Elena se fue. — escucho a mi chófer Marcos decir. — ¿Tienes algo que me quieras decir? — le pregunto, él no es una persona metiche y siempre mantiene la compostura, así que me intriga saber lo que pasa por su cabeza. — Es lamentable que la señora se haya ido, ella es una muy buena persona y siempre nos ha tratado bien todos. —Trata de solo concentrarte el camino y olvídate de lo que escuches o veas. — le digo con la idea de que no haga más comentarios fuera de lugar. —Cómo usted diga señor. — me responde y se mantiene en silencio el resto del camino. Llegué a la empresa y ninguno de mis empleados se atrevió a hablar conmigo, incluso mi secretaria se mantuvo distante. Hoy me siento más enojado que ayer y lo único que deseo es descargar mi irá con algo o con alguien, razón por la que me la he pasado aquí encerrado y he decidido no salir, ni siquiera a las reacciones que tengo programada hoy pienso asistir. Estoy mirando por la ventana de mi oficina la ciudad y preguntándome como ayer ¿dónde podría estar Elena? De pronto la puerta de mi oficina se abre de golpe, pero yo no me tomo la molestia de ni siquiera de ver quien acaba de llegar. —¿Me puedes decir que demonio te pasa? ¿Tu secretaria me acaba de informar que no piensas asistir a la reunión que tendremos hoy? — me dice mi padre. — No creo que me necesites ahí, tú puedes encargarte de todo sin mí, eres el dueño. — le contesto mientras sigo con mi vista puesta hacia la ciudad. —¡Acaso estás loco! Este es un negocio del cual sabes bien quiero que te hagas cargo. —Papá, no estoy de humor para reunirme o hablar con nadie. — le digo tratando de evitar tener que ir a esa reunión. —¡Mírame cuando te hablo! — me dice, y yo me doy la vuelta y lo veo a los ojos. —Al parecer estás enojado, ¿acaso es por esa estúpida mujer con la que te cásate? Te he dicho que te deshagas de esa arpía desde hace tiempo. — Papá, Elena se ha ido, ella me ha dejado. Al escuchar esto mi padre sonríe y en su cara se ve la felicidad que yo debería sentir al Elena irse y darme el divorcio, pero la realidad es que no me siento feliz. —No veo porque tienes que estar con esa cara, ¡esto es una gran noticia! — me dice rebosante de felicidad. Yo resoplo molesto y me siento en mi sillón. —No me encuentro de buen humor por el momento. —No me digas que ella te ha pedido dinero. —No, no lo ha hecho. —¡Esto es fantástico, por fin podrás hacer lo que debiste desde un principio y casarte con Ana! —me dice feliz, lo cual no me hizo sentir bien, se supone que la amo, pero no he podido ni siquiera firmar los papeles del divorcio y aun no me creo capaz de hacerlo, así que pensar en casarme con Ana no es parte de mis planes o pensamientos en este momento. Lo único que está en mi cabeza es Elena y no sé porque si se supone que la odio.
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