—Okey Catherine, ahora pode--- —Sus palabras fueron opacadas por los besos apasionados de su acompañante, quien no podía aguantarse un minuto más.
Ahora el azabache estaba entre la espada y la pared, sabía cuál era su objetivo, planifico detalladamente todos los escenarios, estaba listo, pero aun así, no negaba de ese deseo, sus instintos más primarios le hacían corresponderlos, su cuerpo sentía cada leve caricia de la mujer ¿Cómo negarse a ella? No pudo hacerlo, así que se dedicó a enfocarse en su amante, aumentando la frecuencia de su lengua y mordiendo suavemente sus labios.
Eran dos almas incompletas, se necesitaban el uno al otro para ser felices, rotas desde muy jóvenes y difíciles de entender, cuando finalmente conseguían a la persona que las completaría, tenían que ser enemigos, mientras seguían los abrazos, la dama se aceleró y bajo su mano lentamente por la cintura del varón, llegando hasta su m*****o, masajeándolo por encima de la ropa, haciéndolo suspirar, el joven sabía que la rubia tomaría el control y esto no podía permitirlo.
—Debes estar acostumbrada a dominar a los hombres… —Le susurro en el oído, cargándola con fuerza y dejándola caer lo más suavemente que pudo sobre la cama —Pero hoy, seré yo quien te posea a ti —Afirmo Alex con autoridad, ganándose una mirada sádica y ansiosa de su pareja.
Al levantarle el vestido, este pudo observar una hermosa prenda interior de color gris, de encaje, su belleza no pudo ser apreciada por mucho tiempo, pues estaba en medio de lo que el búho oscuro realmente deseaba, al quitársela, lo vio bien y durante una fracción de segundo lo recordó, entendió todo lo que estaba pasando y lo decidió, mientras la mujer estuviera embriagada por el orgasmo, él la asesinaría.
Sin más tiempo que perder el caballero se puso manos a la obra, sujeto las dos piernas de su enemiga y comenzó a enfocar su lengua en la zona intima de la misma, encontrar el clítoris fue muy sencillo y darle atención fue todavía más fácil, su mente se debatía entre la realidad y la abstracción, entre la locura y el raciocinio. Conforme su boca mostraba mayor dominio, los gemidos de la dama se intensificaban, convirtiéndose en alaridos de deseo, imposible determinar si solo por su talento o tal vez también potenciado por el romanticismo de la cena y el magnífico vino.
El ansiado clímax estaba cerca, lo sentía en la agitación de su acompañante, en cómo le apretaba fuertemente el cabello y se estremecía completamente, el azabache quiso demostrarle sumisión absoluta, por lo que aparte de su lengua, introdujo uno de sus dedos en el interior de su v****a, lo que para ella ya era demasiado, perdió el control de sí misma y su mente paso a inconsciente, este hombre no era solamente el mejor acompañante que había tenido, le estaba proporcionando el oral de su vida, porque cuando otros lo hacen para salir del paso y llegar a la penetración, este se enfocaba tanto en ella, que incluso pareciera que no está interesado en poseerla.
Finalmente la asesina cedió ante el placer, no pudo retenerlo más tiempo y dejo salir su orgasmo, materializado en un caudal de jugos vaginales, que se habrían esparcido por la cama, pero el azabache decidió tomarlos todos, no era parte de la misión, pero como negarse al néctar de una amante apasionada, siguió un poco más, hasta que los manotazos de su pareja lo detuvieron, pues si él seguía, ella se volvería loca.
— ¡Detente! ¡Dios! —Exclamo con el rostro totalmente rojo, apretando con fuerza sus muslos en la cara del chico, para poco después liberarlo.
—Tu hermosura solo sería digna de los cielos y ni allí podrían apreciarla correctamente, tengo que ir un momento al baño, ahora vengo para que continuemos —Expreso con un hablar calmado, aunque por dentro iba a mil por hora y seguramente la mujer no lo había escuchado, debido a que se retorcía en la cama, anestesiada con el placer del encuentro.
Camino con velocidad hasta el lugar y cerró la puerta, era el momento perfecto para llevarlo a cabo, jamás estaría más debilitada y derrotada, lo único que tenía que hacer era dirigirse a su bolso, tomar una daga o su revólver y todo acabaría, se vio a sí mismo en el espejo, sintió en sus ojos las dos fuerzas que conformaban su ser chocar dentro de su alma, el búho oscuro y Alex Kramer, dos hombres con los mismos objetivos y diferente resolución de los mismos, el primero se bañaba en la sangre de sus enemigos y el segundo ansiaba que todo se resolviera pacíficamente, pero solo coexistiendo podrían tener éxito.
Al echarse agua en la cara, pasarse la toalla y salir se vio presa de la tentación, la rubia estaba inclinada en la cama como una yegua esperando ser montada, lo miro de reojo para tentarlo todavía más, con esos ojos demoniacos que ansiaron su muerte y ahora clamaban por placer, su pelo frenético tampoco ayudaba ¿Por qué demonios tenía que ser amarillo? Esas eran las que siempre le gustaron.
—Buscare un condón en mi bolso Catherine —Aseguro olvidándose de lo que sentía, concentrándose en erradicarla.
—De hecho Arthur… Soy estéril, puedes hacerlo cuanto gustes y por favor… —Pidió a través de esos labios malvados, cuyas palabras estaban a punto de condenarlo —Llámame Claire, es mi verdadero nombre —Aseguro con deseo, tomando ambas manos y abriendo sus nalgas, para que el azabache pudiera verlo todo.
En ese momento lo supo, la misión se acabó, porque la chica no solo era una amante espectacular, entrego su secreto a él, por lo que anhelaba tener más encuentros y entonces imagino todo un sinfín de tonterías, ella cambiaria, dejaría Tantalus y se casarían, vivirían una hermosa vida juntos, le presentaría a sus hermanos y todo sería perfecto. Pura fantasía.
En el presente él se montó en la cama y contemplo con sus dedos lo mojada de su entrada, uso el mismo líquido para verterlo sobre su pene, que se encontraba palpitando con ansiedad, tras lubricarlo exitosamente, fue introduciéndolo muy despacio, causando que solamente con la punta la dama gritara, era mayor de lo que imagino incluso tras verlo, la sorpresa fue muy grande para el azabache, pues la mujer lo frenaba con su mano.
—Más despacio por favor, me partirás a la mitad, no lo metas todo —Aseguro apretando sus dientes, embriagada entre el sufrimiento y el placer descontrolado.
— ¿Ahora vas a pedirme que sea sutil? ¿Después de provocarme tanto? Lo siento mucho Claire, pero no tendré piedad —Le aviso con una extraña mezcla entre deseo y odio, acercándose a su oído.
Pero aunque dijo esto, era solo una mentira, este fue lentamente meciéndose, funcionándose con el movimiento de su amante, la cavidad fue abriéndose en el proceso, alcanzando un tamaño que esta jamás pensó que podría tener, un acto que solo un ser capaz de traer una vida al mundo podría lograr. Al hacerlo de esta forma, la dama pensó que enloquecería, si bien es cierto que ha tenido amantes estupendos, ninguno tuvo tantas cualidades positivas.
Ya no hubo más dialogo complejo, las palabras eran solo instrumentos para dejar salir la locura que estaban llevando a cabo esos dos cuerpos, cuando finalmente la chica fue capaz de tomar todo el m*****o en su interior el caos dio inicio, la frecuencia se volvió errática, el búho oscuro se impulsaba fuertemente hacia adelante, con todo el ímpetu de su placer y ella no se quedaba atrás, movía sensualmente sus caderas de un lado a otro lo cual estimulaba las sensaciones internas, era una danza profana de carne y sudor, donde el amor era escaso, pero el placer demasiado.
El azabache la tomo por el cabello con fuerza, como si controlara a la leona, pero al igual que en la naturaleza, fue la asesina quien mostro superioridad, su control pélvico lo dejo fascinado, ya que se introducía el m*****o con total maestría, causando que el chico se quedara sin aliento, ante los movimientos ansiosos y apasionados de su pareja.
— ¿A dónde se fue tu miedo? ¿Ahora parece que estas gozando cada centímetro? —Hablo de forma desafiante.
—Cállate y follame Arthur —Ordeno con rabia y ansiedad.
—Llámame Alex… —Enloqueció el muchacho, tomándola por el cuello.
Pero aunque se viera desafiante, no era más que una fachada, trato de mostrarse dominante, le dio varias nalgadas e hizo intentos patéticos por ahorcarla, pero su m*****o no podía más, con varias sacudidas y embestidas ya no fue capaz de retenerlo, el líquido blanquecino salió a gran presión, llenando el interior de la rubia, la cual suspiro profundamente, sintiendo cada gota en su vientre.
—Mierda… —Reclamo el búho oscuro, sacando su pene de la v****a de su amada.
—No lo puedo creer, eso fue, nunca sentí nada como eso —Titubeaba con un calambre que le recorría todo el cuerpo, sintiendo como el semen se salía por su entrada.
Tras unos instantes, que usaron sus mentes para volver a la realidad, ambos se vieron intensamente, con la esperanza de encontrar una respuesta a la revelación de sus identidades, pero esta jamás llego, quedo opacada por más besos ansiosos, la noche aún era joven y no querían que se acabara nunca, sus lenguas eran un buen testimonio, ya que no dejaban de devorarse.
La rubia quiso controlarlo, era su turno de divertirse, por lo que lo tumbo en la cama y se le monto encima, ahora que ya estaba acostumbrada y todavía abierta, el pene se deslizo con más facilidad o quizás solo era su deseo de volver a sentirse como un ave libre en el cielo despejado de una tarde de primavera, donde la brisa y el sol imperan en una danza perfecta, pues así eran los orgasmos con aquel azabache.
Al estar en la cima se empezó a mover y conforme sacudía sus caderas, se elevaba más y más, el hombre la aseguro para que no se estrellara, ya que puso sus dos manos sobre la zona baja del abdomen, pero estas rápidamente se dirigieron a sus nalgas y las apretaron, el chico era un pervertido, porque cuando lo hizo se endureció intensamente, sin embargo, cualquier intento de tomar el mando era infructífero, este le pertenecía absolutamente a la asesina.
Sus cuerpos no dejarían de moverse esa noche, ni se detendría la fiesta en esa habitación, estarían dándose placer hasta perder el conocimiento, sudorosos, pegajosos y extasiados, con la droga más sana que existe sobre la faz de la tierra, pero también una de las más peligrosas y destructivas, entregarse físicamente a otro ser humano. Así fue como sus mentes desaparecieron, fusionándose en un solo ser, que lo único que quería era disfrutar del placer que dio forma a su existencia.