La Naturaleza de los Humanos

1130 Palabras
En cuanto el chico recibió los pedidos, se retiró para que pudieran seguir conversando y eso hubieran hecho si no fuera porque el búho oscuro le pidió un segundo a su acompañante, momento que aprovecho para dirigirse al escenario y solicitarle una pieza a las compositoras, las cuales aceptaron tras recibir una jugosa compensación. El violín era el principal instrumento de la canción, su naturaleza era sombría y magnifica, hablaba de imponencia sublevada ante los pecados capitales, era una canción nefasta y ruin, pero sorprendentemente maravillosa. —La Sonata del Diablo, del maestro Tartini —Alego prime dos al ver que su pareja se sentaba frente a ella. — ¿La conoce? Pensaba sorprenderla, pero parece que eso no se va a poder —Expreso con alegría, encantado con los gustos de la chica. —El músico aseguro que el demonio se le presento en sus sueños y toco para él un estilo tan absolutamente magistral, que su cover no era más que una burda imitación —Conto la historia con detalle, tomando más de su bebida y entrando un poco en pánico, debido a que el sujeto sacaba algo de su bolso.   —Le traje esto —Informo al ver los nervios de la asesina —Un presente —Acoto sacando el cofre. Al abrirlo, la dama quedo nuevamente fascinada, el collar era una belleza oscura y extraña, ahora mismo se sentía confundida, su cita le daba y hablaba de cosas que no serían del agrado de la mayoría, pero que para ella resultaban fascinantes ¿Cómo sabía que cosas decirle con tal de que cayera a sus pies? Su masculinidad y gran físico no le impedía ser un hombre mentalmente muy desarrollado, había roto cualquier tipo de cliché que imaginaria hacia él. —Sabe, entregar un Ojo de Oni podría espantar a casi cualquier mujer —Comento con una sonrisa nerviosa. —Discúlpeme si la ofendí, solo que pensé que luciría maravilloso en su cuello —Dialogo un tanto avergonzado. — ¿Bromea? Esto es muy costoso, aun si no le entiende, solo por el rubí todo el mundo lo aceptaría —Afirmo la dama —Le agradezco mucho, sin duda quiere que esto se repita —Señalo alzando su copa. —Honestamente si me gustaría —Mintió con serenidad el azabache, brindando con la rubia. —A parte, hablar tanto sobre el diablo y sus historias, es usted alguien particular —Definió con una mirada picara, ahogada entre las maravillosas notas musicales. —No quería incomodarla, pido disculpas —Se asustó Alex ante los comentarios de su cita. —Para su fortuna, considero que las personas locas son realmente extraordinarias y yo tengo mucho de eso —Acepto entre carcajadas, colocándose el regalo y exhibiéndolo con orgullo —Así que, cuénteme señor Arthur ¿Por qué tanta insistencia con el ángel caído? —Dudo viéndolo con expectación. —Bueno ¿Es realmente tan malo? Fue exiliado por pensar diferente, por querer superar a su propio padre y por cuestionarle su adoración a los hombres, ante sus ojos éramos creaciones inferiores e imperfectas ¿Se equivocaba acaso? Cada día salimos a la calle y parecemos confirmar sus hipótesis —Menciono con cierta ira. — ¿Y no le gustan las imperfecciones? Toda la velada me ha estado viendo el cabello, el cual se arruino por la inoportuna brisa, me arregle lo suficiente como para afirmar que el resto de mi sigue perfecta —Expreso con un tono demasiado creído, que al azabache le parecía en extremo excitante —Al principio me sentí acomplejada, hasta que me di cuenta de que le encanta como se ve —La hace lucir furiosa, como una leona —Contesto tragando grueso —En cuanto a ello, es parte de nuestra naturaleza, humano es sinónimo de imperfecto y es que eso nos encanta, lo prohibido, lo que no podemos tener es lo que más anhelamos, lo que más cuesta es con lo que soñamos —Converso el búho oscuro sin poder dejar de verla. — ¿Y qué se hace cuando finalmente tienes lo que quieres delante de ti? Aun si sabes que está mal tenerlo —Pregunto en el crescendo de la música. — ¿Qué otra cosa se puede hacer señorita Catherine? Lo tomamos, a la fuerza si es necesario, pues en la vida muy pocas veces tenemos ante nosotros lo que más queremos —Dijo de forma absoluta Alex, consiguiendo un suspiro por parte de la rubia, quien sentía que estaba ardiendo. —Definitivamente tiene el perfil de un escritor, aunque tanta habladuría sobre los infiernos no es propia de un científico —Declaro para tratar de calmarse, pues de lo contrario saltaría a devorarlo. —La ciencia es el continuo cuestionamiento de las cosas, algunos se adentran demasiado en las formulas y se pierden en los absolutos, cuando la verdadera maestría se basa en lo abstracto, lo que no podemos entender —Alego con un tono seguro el azabache. — ¿Entiende usted lo que yo siento ahora mismo? —Dudo insistente la señorita. —Pues ojala sea lo mismo que yo siento —Realizo una pausa para detallarla mejor —Gusto, deseo y fascinación —Respondió con una sonrisa y lo más triste es que no mentía, el hombre se había olvidado por completo de su misión. Antes de que escalaran allí mismo o abandonaran el lugar, el platillo fue finalmente servido en sus mesas, el trozo de carne se veía de la mejor calidad, bañada en salsa aliñada de rábanos y con pastelitos de masa cernida, cocinados al horno con gran maestría, todo estaba en su punto, una sola probada basto para confirmar lo que la vista les decía, la cena era deliciosa, un exquisito manjar para el paladar, que se potenciaba con la textura y sabor del vino Chanteur. El momento no duro mucho más, pues cuando terminaron pidieron la cuenta y el azabache pago, la rubia inquirió en que lo hiciera deprisa, porque ansiaba llegar a la habitación del hotel. El caminar de ambos era zigzagueante, producto del licor, las risas eran un constante y eso que no tuvieron que trasladarse demasiado para llegar a su destino, pero cuando lo hicieron encontraron un gratificante recibimiento. Los mozos los ayudaron con sus cosas, aunque eran pocas, para ellos tenían gran valor, Alex le hablo directamente a la encargada, mostro sus credenciales y se le habilito la reservación que hizo, subieron por el ascensor y la tensión ya se sentía, pues la rubia se aferraba a su brazo con mucha fuerza, casi de forma dependiente, caminaron por el pasillo con ansiedad, abrieron y cerraron la puerta de la habitación una vez colocaron sus bolsos en el interior, dejando atrás el mundo, quedando solos en su nueva realidad. 
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