Temblé. Me acorralaron los nervios al tenerlo tan cerca. —¿Estas bien?—preguntó. —Eh... sí. —¿Segura? te has puesto roja como un tómate. Me solté de su agarré, tenía los ojos pelados. —Disculpa—traté de huir, más él me lo impidió. Me tomó de la muñeca. Me helé. No quería voltear, no quería verlo a los ojos. —¿Por qué fuiste a mi habitación? No dije nada. —Acaso... ¿cambiaste de opinión? Tragué saliva. —No —¿Entonces? Me volteé, su cejo estaba fruncido. —Solo... eh... quería...saber si, bueno, ¿quién te dijo que estaba viéndome a escondida con Mickey? Bajé la mirada, sentí los dedos de Dante tomarme por ambos lados de mi rostro, obligandome a mirarlo a los ojos. —Me dijiste que no ha pasado nada, y que no es cierto. ¡Te creo! no tiene caso recordarlo. Tragué saliv

