Trague grueso. Resoplé. —¿Si?—levantó una ceja. —Yo... yo. Sonó la puerta. —¡Espera!—salió a abrir. Me quedé mirando las flores, recobrando la compostura. —Pelusa...—dijo la niña que entró en busca del gato. —Es un gato muy lindo, lo digo enserio—sonrió Dante, pude ver sus dos hoyuelos. —Gracias, ¿tu no tienes gato? —No. —Oh, pelusa puede acompañarte cuando quieras. Volvió a sonreír. —Esta bien Kimmy. —¡Bueno, adiós! —Adiós Kimmy. Dante cerró la puerta, regresando a donde me encontraba. —Kimmy es una niña muy simpática. —Ya veo. —Bien, ¿que ibas a decirme? Vacilé antes de hablar. No sabía por dónde comenzar. —Dante... cuando estabas en coma pasaron algunas cosas. —¿Que cosas? Tragué saliva. Volvieron a tocar la puerta. Resoplé. El chico fue a abrir. Le escuc

