Lo miré con miedo. —¿Por que tienes fotos mías? El rostro de Dante fue confusión. —Ah... no lo sé, no lo recuerdo. —¿Estas obsesionado conmigo?—le pregunté, levantandome de la cama. Él quiso acercarse. —¡No te me acérques!—grité, envuelta en lágrimas. —No se que es todo esto, te juro que no lo recuerdo. —¡Deja de mentir! —No estoy mintiendo Maya. No lo sé. —Me seguias. Planeaste todo. Dante se agachó para recoger las fotos que había lanzado en el suelo. —No se porque hice eso. —¿Esa es tu excusa? —No lo recuerdo—quiso acercarse. —No te me acerques Dante. —¡Maya, nunca te haría daño! por favor. Me conoces. —No, no te conozco. Dante corrió hacia a mí, y grité, tenía miedo y lo empujé con fuerza para salir corriendo. Quería salir de allí, no obstante, la puerta se encont

