~El apartamento~

2495 Palabras
—¡Buenos días!—baja las escaleras Sasha bostezando. Su pelo está echo un desastre. —¡Buenos días!—responde Alexa. —¿Café?—nos ofrece a ambas. —No, el café sin desayunar me manda al baño directo—me niego. Alexa asiente. —Bueno... —se va a la cocina. Yo sigo pensando en cómo hacer para conseguir una prueba de ADN de Alexa. Miro de detenimiento su apariencia, pensándolo bien, tiene cierto parecido con Sandy. Mi madre baja las escaleras, saluda a Alexa y se incorpora con Sasha en la cocina. —¿Conoces a tu padre?—le pregunto. —No. No conozco a mis padres biológicos. Siento el calor sucumbir mi pobre cuerpecito. Respiro hondo. —¿Que sabes del detective Smith? —Oh, el caso cerró después de investigar. Le escuché decir a madre que de verdad se suicidó. Y cuando es un suicidió, no hay nada que hacer. —Entiendo... La casa de impregna de café. —¡Huele delicioso!—Alexa recibe el pocillo. Comienza a beber. Le observo tomar el café y hablar con Sasha. Tengo mi vista fija en ella, y en el pensamiento de que si esa taza de serviria como prueba de ADN. Alexa sonríe a los chistes de Sasha, y por un momento diviso su bolso a su lado, debo revisar ese bolso. Me incorporo a los chiste, diviso que mi madre estaba sonriendo, después de la muerte de mi padre había perdido su sonrisa. Paseo la mirada entre Alexa, Sasha, mi madre y el bolso, hasta que con los pies lo jalo. Finjo que se me cae algo, ni siquiera sé dan cuenta cuando me agacho y agarro el bolso para alejarme un poco. Reviso, meto la mano, me tiembla todo. Maquillaje, papeles, cepillo de peinar y de diente. ¡Bingo!. Me llevo ambos cepillos. El de peinar tiene varios cabellos incrustado, sería perfecto como prueba de ADN. Finjo demencia, y me incorporo a la conversa como si nada hubiese pasado, no si antes ocultar la evidencia de la verdad. ☆☆☆☆ Acontinuacion, llevamos a mi madre al aeropuerto, efectivamente, dos personas estaban esperándola, una mujer y un hombre. La mujer era rubia, ojos azules, caucásica, con ropa muy formar, como si fuera una sub directora o algo así. El hombre era igual, de unos 30 años, alto, con ojos tan turbios como el mar. Me insiste que me vaya, sin embargo, me rehusó. Me despido de ella, me abraza con fuerza y me hace prometerle que la llamaré todos los días, la cual, asiento para dejarla tranquila. Y al cabo de unas horas, se marcha. —Espero que sepas lo que estás haciendo—reprocha Sasha un poco molesta. A la verdad, no se que estaba haciendo, solo quería conocer la verdad. Trago grueso, no le respondo, no quiero darle la razón. Alexa me palmea el hombro y me sonríe, es tan bonita. Me despido también de Alexa, ella avanza en su carro. Me incorporo con Sasha en el que mi padre me dejó. —¿Ahora que harás? —¿Iré a un laboratorio? —¿Para que? —Voy hacer una prueba de ADN. Sasha frunce el cejo. —¿Para que? —Para comprobar si Alexa es mi hermana—Sasha arruga las cejas, su cara es confusión absoluta. —¿¡Espera, crees que Alexa es tu hermana!? —Si. Es adoptada por la detective Reaga y necesito saber la verdad Sasha, ya estoy harta de vivir en una mentira. —¿Con Dante vivirás la verdad?—dijo con sarcasmo. —Con Dante intentaré averiguar la verdad. —Solo lo estás usando Maya —Me interesa poco. Tengo una cita para hoy. —¿Cita, con quien?—se extraña la ojos verdes. —Con una psiquiatra. —Por dios, todo está vuelto un culo al igual que mi cabello. ¿Me dejarás sola esta noche? debo ir a la universidad y ponerme al día con todo. —Por supuesto que no. Y ve a la universidad, no te preocupes, estaré bien. —¿Segura? —Si. Llevate el auto. —Bueno, te dejaré en el laboratorio, cualquier cosa pega un gritito. —Okey—digo, bajo del auto al llegar al laboratorio. —¡Espera!—me volteo—. ¿Me veo bien con este pelo rebelde? Sonrío —Estas hermosa. —Bien. Adiós. —Adiós. Hace un sol caluroso, voy al laboratorio y entrego las muestras, ya es medio día. No sé que hacer, y estar en la casa, significar es sentir la soledad. Pienso en Jhonny Stank y Derex Salvatore, en su relación y en Alexa. Rodean mi mente en todo momento, era obvio que tenía que hacer algo, el problema era: No sabía que hacer. Me llevo las manos al bolsillo del pantalón, tengo la tarjeta de la psiquiatra con la dirección, así que decido ir ☆☆☆☆ Llego al consultorio. Una mujer esbelta, de cabello castaño corto me recibe, es amable. —¿Tienes cita guapa? —Creo que si—respondo dudosa. —Dime tu nombre guapa —Maya Santana Detrás de su escritorio revisa con astucia hojas por hojas. Tengo los nervios a flor de piel. —Ah, si, aquí está. Te inscribió Alexa. Es una excelente niña. —Bien, gracias. —Si gustas, puedes esperar sentarte. Asiento. —Gracias. —De nada guapa. Apenas salga este paciente, la doctora Joanna te atenderá. Vuelvo asentir. Espero... Sigo esperando... Hasta que la puerta se abre. Observo al paciente salir. La mujer le susurra algo en el oído a la doctora y ella asiente. Me hace un gesto para que pase. La sigo. El consultorio es grande. A un lado esta el escritorio con un montón de papeles. En el centro un tapete grande persianico, y un sillón que por todos los cielos, se veía cómodo. —Bien Maya, Alexa te recomendó, me comento algo de tu caso, pero quisiera que me lo explicara tu misma. Necesito que llenes este formulario con información personal, todo lo que se hable aquí, será confidencial. Asiento. Recibo el formulario. Nombre completo, edad, nombre de los padres, sexo, observación destacable, y algunas pregunta que somo debía tildar, como: ¿Pesadillas? y cosas así. El formulario era largo, tenía como unas tres páginas. Después de terminarlo, se lo entregó a la doctora. —Bien Maya. Quiero que te acuestes en ese sillón. Asiento, me conduzco al sillón. Oh si, era cómodo. —Respira hondo Obedezco. —Cierra los ojos. Lo hago. —Cuentame de tus pesadillas... Le cuento todo. Desde las pesadillas, hasta Dante, Jhonny Stank, y el descubrimiento. La doctora toma notas, escribe cada palabra que digo. Lloro mucho en la consulta, y ella me conforta, de hecho, me incentiva a darle una oportunidad a Dante y ver si de verdad las cosas funcionan. Me receta medicamentos para dormir, y me recomienda que debo comer bien, y dormir a un cierto horario. Asiento a todo. También dice que debo permanecer en calma, y no estresarme. Además, de darme una fecha cercana para la próxima consulta. Solo hablamos de mi, sin embargo, el hecho de desahogarme me hizo sentir reconfortante. Suspiro al salir de allí. Me siento con más claridad en mi mente. Saco del bolsillo de mi pantalón las llaves que me dio Dante, y entonces decido dar la oportunidad a un "tal vez nosotros" La cuestión era: No sabía la dirección del apartamento. Regreso, y persuado a la secretaría para que me facilite el número de Alexa, y después de un rato, me da su móvil. —Haz la llamada de mi celular. Asiento. Hablo con Alexa y ella me recoje a los 45 minutos. —Me alegro que hayas ido al psiquiatra Le doy una sonrisa con la boca de cerrada. —¿Te llevo a tu casa? Niego con la cabeza —Oh, entonces, ¿a dónde vas? —A casa de Dante—digo sonrojada. —A casa de tu esposo, esta bien. ¿Cual es la dirección? —Ese es el problema, no sé donde es. Alexa arruga las cejas sorprendida. —Enserio no sabes dónde reside tu esposo. —Nunca fui a su departamento. —Ah, tiene apartamento, pensé que vivía con su padre. —Gracias a Dios no. —¿Que vamos hacer? Pienso, buscando una manera de acudir a alguien que conozca a Dante. Después de darle vuelta a la cabeza, se me ocurre a alguien que podría ayudarme: Mickey. —Vayamos a donde Mickey—me llevo las uñas a la boca. —El guapo Mickey. —¿El guapo Mickey?—me echo a reír. Alexa se incorpora a esa risa mientras se ruboriza Le indico el camino que me lleva a su trabajo. Ella conduce girando, luego, a la izquierda, y derecho hasta llegar. El lugar está vacío, flashback de lo que sucedió esa noche comienza a sucumbir mi mente. Imágenes aparecen como un recuerdo lejano. En este perímetro inició la peor pesadilla de mi vida, mi calvario. 《Cuanto me arrepiento haber venido a este lugar》 Busco a Mickey en la barra donde se encuentra un hombre esbelto puliendo unos vasos de vidrios. Alexa está a mi lado, aunque no se lo diga, puedo sentir su apoyo con solo su presencia. —Buenas, busco a Mickey Fisher—el hombre me mira con curiosidad. —¿Quien lo busca?—responde con una voz gruesa e intimidante. —Una amiga—trago grueso, espero que ese señor pueda ayudarme. El hombre pasea la mirada entre Alexa y yo, deja el vaso de cristal a un lado y se conduce hacia la parte de atrás del bar. Suelto un bufido. Alexa se incorpora en unos de los asientos que están a la barra. —¡Esperaremos!—dice, rascándose el pelo. Vuelvo a mirar a Alexa, y hago una historia de cómo Sandy pudo dejarla en un horfanato. Pudiera ser que estuviera equivocada, tal vez, Alexa es una niña que le tocó por cosas del destino y la probabilidad de que sea mi hermana, puede ser bastante nula. —¡Maya!—escucho la voz de Mickey. Presto mi atención en él. —Mickey. ¿Como estás? Él suspira. Percibo que tiene un moretón en las cejas. —Bien, gracias por preguntar. Señalo el moretón, y apenas lo hice, me arrepentí. —¿Seguro esta bien? —Ah, esto, no es nada—se toca las cejas—. Alguien quería irse sin pagar y todo terminó mal. —Ooh Alexa carraspea. —Oh, si, Mickey ella es Alexa. Alexa él es Mickey —los presento, el rostro de la pelirroja se ilumina, en cambio Mickey, es inescrutable. Se estrechan las manos; el chico se centra en mi. —¿A que se debe tu visita? —Quisiera que me dieras la dirección del apartamento de Dante. Arruga las cejas, confundido. —¿Te iras a vivir con Dante? Asiento. —Oh, claro— de su bolsillo saca un pedazo de papel roto en la parte superior. Escribe rápido, luego, lo dobla y me lo entrega. —Gracias—lo cojo, desdoblo el papel para echarle un vistazo a la dirección. La grafía de Mickey es ordenada, en cursiva pero corridas, con una inclinación tan extraña como si estuvieran mirando hacia atrás. —Espero que las cosas entre ambos funcionen —También espero lo mismo—digo, mirando a Alexa que lo mira con una expresión extraña. —Fue un gusto verte Mickey, espero que te encuentre bien de la vez aquella, ya sabes. —Si, de eso estoy bien. Lamento lo de tu padre En corazón me da un vuelco al escuchar la palabra "padre", me recupero y fingo una sonrisa. —Estoy bien—no es cierto, no estoy bien, y mi alma esta gritando por dentro—. Gracias Mickey Le hago un gesto Alexa, ella lo comprende y se levanta de butaca. —Adiós Mickey. —Adios—me despido, caminando a la salida. Nos introducimos al auto, odio ese bar, no quiero estar allí, me dan náuseas en solo pensar que en ese lugar Johnny Stank se aprovechó de mi. —Esta es la dirección—le doy el papel a Alexa. Ella lo mira con detenimiento. —Esta cerca de aquí—enciende el auto, Amy arranca, el neumático rechina haciendo un ruido sórdido. ☆☆☆☆ Tan rápido como una liebre llegamos a la puerta del edificio, lo miro con determinación, ahora el miedo me ha invadido. —¡Es aquí!—exclama Alexa, echándole un vistazo a la entrada—. Se ve bien, tiene hasta jardín. Ciertamente, la entrada del edificio tenía un jardín a los lados. Una escalera con cinco peldaños te introducía en un pasillo largo con unos ventanales más oscuros. Acto seguido, bajo del vehículo, le sonrió a Alexa y le agradezco su ayuda. —Cualquier cosa que necesites, solo llamame—asiento. Estoy dudosa en entrar, sin embargo, saco las llaves y las miro como si fuera algo valioso por un buen rato. No sólo me sucumbe la duda, si no tan bien el miedo de lo que significaba cumplir con los deberes de una esposa. Tomo las llaves, y comienzo a probarlas con la cerradura de la reja. Se abre... Si, la primera puerta ya estaba abierta, ahora, dependía de mi ingresar. Respiro hondo, mis piernas tiembla, y el corazón lo tengo excesivamente acelerado. Cierro la reja continuando hacia adelante. Subo los peldaños y luego me estremezco cuando me doy cuenta que he atravesado el pasillo largo. Me espera otra puerta con los ventanales oscuros. Con detenimiento o más lento que la misma tortuga en su carrera con la liebre, pruebo las llaves. Una vez más, la puerta se abre. Quiero correr, más un impulso de adrenalina 9obliga a mis pies a moverse. Finalmente estaba frente a unas escaleras y ascensor. Mierda, ¿cuál es el piso que debo buscar? Oprimo el botón del ascensor para que baje. Me muerdo todas las uñas, al punto de dejarlas muy cortas. Finalmente, llega el elevador, dos adolescentes rubias con ojos verdes salen de allí. —¡Oigan!—los llamo, tengo vergüenza. —¿Señora? —Que pena molestarlos, ¿sabe en qué piso vive el señor Salvatore? —Si, que coincidencia, vive en nuestro piso, es el número 2. Su apartamento es el 201 —Ahh, gracias. —Bueno. Acontinuacion, después de pasear por el elevador dos veces, decido bajarme en el piso correspondiente: 201 estaba frente a mi. Suspiro, mientras le rezo a todas las vírgenes para que me ayuden. Toco la puerta, no quiero abrirla con las llaves. Vuelvo a insistir, hasta que finalmente me abren. Y para mi sorpresa me encontré a la persona que nunca en la vida deberías encontrar en e apartamento de tú esposo: Su ex, Elena. ☆☆☆☆☆☆ Leo sus comentarios mis amores.
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