Tres días después Ijov abrió el vendaje de su antebrazo y salió de su casa para el hospital, necesitaba saber de Ishla, el médico podía decir misa pero él queria ver que ella seguía con vida. Llegó y por su insistencia y porque no, por su sobornos, logró que lo dejarán ver a su esposa. —Mi pequeño cervatillo. —limpia una lágrima que baja por su mejilla—. Mi amor, mi pequeña, te amo tanto. —besa su mano mirando el monitor con sus pulsaciones. No sabe cuánto tiempo pasa mirando el monitor, solo sabe que su pecho se comprime cada segundo al no tener una respuesta de su amor. La mira con ternura, Ishla es la única mujer que ha amado, esa pequeña y frágil joven es la única que ha llegado a su corazón y aunque no entiende cómo pasó tampoco se arrepiente de entregarle su vida. Tenerla para

