Lorenzo despertó con un cuerpo a su lado. Suspiró cansado, no sabía por qué carajos Raquel se había quedado a dormir allí, y sí, lo habían pasado muy rico y todo pero ese espacio solo le pertenece a una sola mujer. —Levántate para que le digas a Eugenia que me haga mi desayuno. —ordena casi tirándola de la cama. —¡Ay! ¿Por qué eres así? —se queja la mujer soñolienta. —¿Cómo?¿No me digas que piensas que porque tuvimos un buen revolcón voy a casarme contigo? Siempre es la misma mierda con todas. —se levantó de la cama de mal humor. Raquel se levanta con una sonrisa en sus labios, si supiera que dejó de cuidarse, a don Sebastian le va a agradar tener un nieto. Se puso su uniforme y salió de la habitación segura de que en su vientre se forma un pequeño Ibarra. Lorenzo bajó hasta el desp

