Lorenzo entra a la casa de su padre con una sonrisa de oreja a oreja. Llega hasta el despacho donde encuentra a Sebastian sumergido en cuentas y documentos importantes. —Felicitame. —pide Lorenzo interrumpiendo a su ensimismado padre, quien lo mira con frialdad. No sabe que planea su hijo pero tampoco le gusta, Lorenzo siempre ha sido su dolor de culo. —¿Por qué tengo que felicitarte, Lorenzo? —pregunta molesto por su intromisión sin permiso a su despacho. Si se hubiera estado cogiendo a su mujer allí los hubiera encontrado. —Porque acabo de salvar tu pellejo. —comenta sirviendo dos vasos de whisky. Sebastian lo mira extrañado. —A ver, ¿Que hiciste? —Lorenzo entrega el vaso a su papá levantando el mismo para luego llevarlo a la boca. Se sentía feliz y victorioso, nada ni nadie lo v

