—Está bien… bueno, estoy bajo mucha presión —dijo, mirándola. —Yo también —respondió ella, devolviéndole la mirada, cansada de pelear. Tomó otro trago de refresco—. Prueba esto —añadió, entregándole una caja de cereal que ya había abierto y en la que había metido la mano para probar los dulces copos. Dante cogió la caja y olió su contenido. —No, gracias —dijo—. No me gusta el coco. —Lástima —respondió ella, metiéndose otro puñado en la boca—. Está sabroso. Después de una noche tan agitada, el hambre de Lena aumentó de repente; estaba famélica. A eso se sumaba el agotamiento provocado por el desorden emocional de la noche. Aunque podía entender que Dante estuviera molesto con ella por haber bebido demasiado, no lograba dejar de sentir que el camarero había intentado matar a Dante. Len

