Las pupilas de Luciano se dilataron, era obvio que estaba loco por ella y no solo por eso que le intrigaba. El pecho de Aurora subía y bajaba, pero a pesar de su evidente nerviosismo, la determinación que tenía era clara, tenerlo de su lado. Ella compases cortos se acercó a él y sin darle mucho tiempo para que reaccionara lo besó. Lo beso con fuerza, una que desconocía totalmente. Luciano descendió con sus manos por su espalda hasta llegar a sus glúteos y allí sujetarla fuertemente. Para caminar con ella hasta el sofá, sin dejar de besarla ni de sostenerla. Al estar allí acostados, ella lo miró, sus miradas se conectaron y eso fue suficiente para tener el permiso que tanto ella estaba negándose a dar. Aurora cerró los ojos, su mente comenzó a dejar de divagar y realmente estaba

