Los gritos de lamento en esa bodega ensordecían a cualquiera.
Luciano los vio con asco mientras lloriqueaban al mismo tiempo que sus pieles hervían queriendo estallar debido a la alta temperatura.
Los miró una vez más con el desagrado que la situación le provocaba.
—Déjalos que se mueran lentamente, ellos mismos buscaron su destino.
Gino movió su cabeza asintiendo.
—Señor, hay algo que averigüe. Necesito informarle.
Luciano les dio una última mirada y luego salió de allí.
Ambos fueron directo al despacho, Gino sacó unos documentos y se los puso sobre la mesa.
—¿Qué es esto? —cuestionó levantando una de sus cejas.
—No quería escuchar la conversación que tuvieron usted y la señorita, en donde ella le asegura que quiere matar a Dante… pero lo hice.
Luciano rodó los ojos, si Gino no fuera como un segundo padre para él hace mucho lo hubiera matado por pasar esa línea que nadie más había cruzado.
—Y creo que a ella le falta un poco más de determinación para poder hacer las cosas. Yo busqué esa determinación y espero que pueda ser de ayuda. Ninguno de sus hombres puede acabar con Dante por el pacto que hay.
»Por más que queramos matarlo y todos se nos va a venir encima todo se le va a venir encima señor sí incumple con el trato. En cambio ella es una niña que no sabe manejar sus emociones y que no puede tener control de nada.
—Pero es mi esposa.
—No, solamente ante él, no ante los demás. Señor solo lo estoy protegiendo y ella puede ser la persona idónea para esto.
—Deja los rodeos y habla de una buena vez Gino.
—Dante fue el responsable de la muerte de los padres de Aurora. él fue el que los mató. Estuve revisando las cámaras de seguridad y los documentos que firmaron los padres de ella y fue él quien lo hizo.
»No es difícil adivinar porque lo hizo. El imbécil está obsesionado con Aurora y necesitaba tenerla lo más pronto posible.
Luciano arrugó su frente mientras que revisaba los documentos uno tras otro, las cámaras, las imágenes, todas las pruebas con las que él mostraba que lo que decía era real.
—En donde Aurora vea esto, se va a enloquecer en contra de él. Seguramente no podré detenerla. Hiciste bien en traerme esto, cualquier cosa que me sirva para hundir a Dante la voy a aprovechar. Puedes retirarte, quiero que revises el cargamento que está a punto de llegar.
Gino dio media vuelta para salir chocando de frente con Aurora quien tenía cara de pocos amigos.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Luciano mostrando su mala cara ante su presencia.
—Venía a pedirte algo.
—Puedes irte y venir cuando esté libre para atenderte. En estos momentos estoy muy ocupado.
—No. No pienso irme, es más me dio mucho gusto haber estado aquí. ¿Qué es eso que sí veo puedo enloquecer?
Ella intentó pasar, pero Gino la detuvo con su brazo.
—Al señor no le gusta ser interrumpido de esta manera. Le pido que se retire señorita Aurora.
Aurora miró fijamente a Gino y puso una sonrisa falsa.
—Soy su esposa, y puedo interrumpir a mi esposo si a mí se me da la gana. Ahora por favor retírese.
Luciano sonrió, carraspeó con su garganta y le hizo señas a su hombre para que saliera.
Gino salió a regañadientes, y cerró la puerta con fuerza a su paso.
—Y bien, ¿De qué estaban hablando? Y antes de que digas cualquier cosa, escuché mi nombre, te exijo que me digas.
Luciano se puso de pie, caminó lentamente hasta donde ella. Aurora al ver el peligro eminente que la sola presencia de Luciano provocaba. Retrocedió hasta que su cuerpo pegó con la puerta.
—¿Qué es lo que intentas? ¿Acaso no me escuchas?
—¿Te atreves a entrar en mi oficina de esta manera con la excusa de que eres mi esposa?
Ella cerró su boca en ese momento cayendo en cuenta que sus impulsos no le dejaban nada bueno.
—¿Cómo te atreves a hacerlo?
—Solo estoy exigiendo algo, estabas hablando de mí, estaban hablando sobre mí, sobre algo que podría enloquecerme.
—Él que está a punto de enloquecerse soy yo. Cómo puedes decir que eres mi esposa cuando ni siquiera te comportas como debe ser. —Él pasó su pulgar por encima de ella, de sus labios entre abiertos—. Soy yo quien se va a enloquecer por tu culpa.
Él inhaló el aroma a vainilla que emanaba de su piel, quedó perdido por unos cuantos segundos en su cuello.
—¿Qué mierda estás haciendo conmigo que ni siquiera puede tocar y me tienes perdiendo mi razonamiento?
Ella convencida de que debía continuar con su plan, subió una de sus manos y la pasó por el cabello de él. En un vago intento de poder seducirlo.
Se sostuvo de la punta de sus pies inclinándose para poder llegar hasta él. Y cuando estuvo lo suficientemente cerca pegó sus labios a los suyos.
Luciano se echó un poco para atrás, con la sorpresa que ese gesto por parte de ella causó. Pero sin esperar más tiempo, volvió a juntar sus labios a los de ella, besándola con ferocidad.