Bastaron dos fuertes patadas para abrir la puerta del remolque. Por reflejo Reagan tiró el teléfono y quedó perpleja al ver a William frente a ella con una sonrisa tenebrosa en su rostro. Pensó en huir, incluso lastimarlo con algún objeto para correr por ayuda en casa de algún vecino que pudiese auxiliarla, pero el miedo la dejó paralizada, sin poder reaccionar. -Sabía que estabas aquí, hermosa, menudo espectáculo que me hiciste montar ¿eh? - trató de bromear y sostener el rostro de la chica, pero Reagan se alejó - ¿qué te sucede? -¿Qué quieres, William? -¿No es obvio? Vine a arreglar las cosas, te extrañé. -William, nosotros terminamos - dijo tratando de sonar segura - ya hemos hablado sobre esto. -Sí, pero no fue en serio - respondió intentando acercarse nuevamente a la castaña

