Las últimas semanas de los jóvenes en Montana resultaron más tranquilas de lo que esperaban, no tuvieron más noticias de William tras aquel tormentoso incidente, y Reagan no podía sentirse más aliviada por ello, pues todo parecía indicar que finalmente su vida tomaba un rumbo fijo, y la idea de vivir tranquila y feliz estaba a punto de convertirse en una realidad, pronto, todo su pasado en Montana no sería más que una pesadilla lejana, un mal recuerdo solamente. Ahora mismo, la pareja se encontraba en su escenario habitual, ambos recostados en la cama del rizado mientras alguna de sus viejas cintas se reproducía, Reagan se acostó usando la espalda de Eddie como una almohada, mientras él rodeó su cintura y dejó descansar su cabeza en el hombro de la castaña, simplemente disfrutando de su

