Las mujeres son responsables de dos tercios de los trabajos realizados en todo el mundo y, sin embargo, ganan solo el 10% de los ingresos totales y solo el 1% de las propiedades … ¿Hay igualdad? Hasta que la respuesta no sea sí, no podemos dejar de preguntárnoslo.
Iris
« ¿Un día nuevo, una oportunidad nueva? »
Pues vaya broma.
A mi padre se le había dado por realizar un desayuno familiar a primera hora de la mañana, y cabe destacar la tensión que casi se palpaba en el ambiente. Con respecto a mi padre y a mí siempre la hay pero con mis hermanos no, y a pesar de que ha pasado una noche donde puedan enfriar su ira siguen sin siquiera mirarme.
—Hija —me tensé al escucharlo llamarme así puesto que solo lo hace cuando ha descubierto algo en mí que no debía —, ¿Qué hiciste en la tarde de ayer? —bajé lentamente la copa a la mesa.
El comedor del castillo constaba de una mesa rectangular con asientos de sobra y siempre llena de la mejor comida del reino, poseía un ventanal hacia uno de los tantos jardines y la decoración era poca ya que nada llamaba más la atención que el rey en el cabezal de la mesa.
—Lo mismo de siempre padre, tejer y aprender las labores que mi madre me enseña —la escuché suspirar.
—¿De verdad? —alcé la mirada hacia el rey.
La distribución de la mesa no era nada fuera de lo común, el Rey en la cabecera, a su izquierda su reina y a su derecha su heredero, de Koray le seguía Nash y luego Mahruk, en orden de nacimiento, y al lado de mi madre y frente a mis hermanos yo.
—Así es —él asintió.
—Entonces esos murmullos de que te vieron hablando con los rebeldes y luego desnudándote frente a un hombre en el puerto son mentiras —abrí mis ojos de par en par.
—¿Qué? —solté una risa —No me estaba desnudando, eso es … —me quedé callada al caer en su trampa.
—Lo sé —sonrío de lado y eso era un agüero de mala suerte —, de hecho sé con exactitud lo que hiciste —miré a cada uno de mis hermanos.
No podía creer que de verdad me lanzaran a la boca del león, los tres solo se limitaban a mirar su plato, ni quiera comían, solo lo miraban y ya está.
—Ellos no fueron —medió mi padre de inmediato —, por favor Iris tengo ojos y oídos en casi todos lados —se puso de pie y empezó a caminar por el lugar.
Tuve que bajar las manos y esconderlas debajo de la mesa para evitar que el temblor en ellas fuera visto por alguien más. Tenía miedo, demasiado miedo. Había empezado a sentir el típico dolor en el pecho y el sabor amargo en mi garganta, los dedos de mis pies se congelaron y pasé de ser la chica respondona y rebelde a ser una princesa completamente sumisa.
—Padre yo … —pero no me dejó continuar.
—¿Unirse a los rebeldes? ¿Declararme la guerra? —fingió tristeza deteniéndose a mi lado —Eso no te lo hemos enseñado.
—Pa … —pero volvió a interrumpirme.
—Ponte de pie —tragué saliva ante su demanda.
—Rey mío —mi madre intentó terciar por mí pero cuando el Rey de Nesta decidía algo no había poder humano que lo impidiera.
—¡Nadie … ! Intercederá por ella, es una orden. Iris, ponte de pie —subí mi mirada a mis hermanos y acaté su mandato preparándome para lo que se avecinaba.
Queridos lectores, les comenté como había sido encerrada y apartada de todo, pero no conté como mi padre me reprendía de más y he ahí mi miedo hacia él.
Apenas me puse de pie me tomó del brazo con brusquedad y me volteo hacia él. Ahí pude apreciar cuando enojado estaba, sus fosas nasales estaban muy abiertas, su respiración era pesada, su calva por alguna razón brillaba más y las comisuras de su boca estaban levantadas.
Ilkay Nesta había perdido la calma.
—Te lo dije Iris —me zarandeó —, te prohibí salir del castillo —hablaba entre dientes.
—Padre —escuché la voz de Koray.
—Guarda silencio, si no fuese por ti esto no pasaría —volvió a girarse a mí —¡Eres una desgracia! —volvió a zarandearme —Eres desobediente, una pesadilla, una cruz que no debería llevar —me empujó contra la mesa —, nada de esto pasaría si no hubieses nacido —escupió el piso a mi lado.
—Solo quiero ser como ustedes —intenté ingenuamente hacerlo entrar en razón.
Soy terca, todos lo saben, puede que padre esté muy enojado pero seguiré defendiendo mi posición así me cueste mi salud física, porque como cada ocasión que lo intenté recibí un azote de su parte.
Levantó su mano izquierda y con el dorso de ésta me abofeteo con tanta fuerza que me giró y caí al piso mareada y aturdida.
—¡No eres ni serás como nosotros! Eres una mujer, compórtate como tal —levanté mi rostro con mi vista nublada por las lágrimas.
—¡SOY MUCHO MÁS CAPAZ QUE TÚ! —y vaya error.
Me tomó del cabello y al hacerlo solté un grito de dolor y susto.
—¡No lo soporto más! —empezó a caminar sin soltarme y arrastrándome —¡Te quedarás encerrada no por unos días ni una semana, estarás allí por un año entero!
—¡No! —pataleaba y me sostenía de su mano para intentar soltarme.
—¡Padre! —gritaba alguno de mis hermanos.
—¡Padre espera! —a este punto ya no les distinguía la voz.
Nos estaban siguiendo pero era obvio que no se atrevían a abogar por mí, no si no quería ser tratados igual que mi persona.
—¡¿Te sientes infeliz?! —empezó a subir las escalas lastimando mi cuerpo —¡Pues ahora no tendrás ni el tejido para escapar de tu cruel realidad! —me empujó a mi habitación y caí sin fuerza en ella —Te quedarás acá hasta que te encuentre marido que te soporte —abrí mis ojos de par en par.
—No —mascullé para mí y una lágrima rodo libre por mi mejilla.
—¡No quiero a nadie hablando con ella! —y tras eso cerró dejándome allí aturdida y asustada.
—¡Padre por favor piénselo!
—¡No Koray! Le enseñaste artes prohibidos y por eso creció con una mentalidad dañada, ella deberá comportarse como lo que es, una princesa y una mujer —no había movido ni un solo músculo pero yacía escuchando horrorizada.
« ¿Cómo carajos se comporta una mujer? »
Luego de esas palabras hubo un silencio como aquel que queda después de una tormenta, en ese silencio pude respirar, soltar el aire que tenía retenido sin darme cuenta de ello y permitirme llorar.
Me dolía todo, mi cabeza, mi rostro, mis caderas y piernas, pero a pesar de ellos encontré una contradicción en mí.
Mientras mis lágrimas salían libres y se perdían con las demás la dueña de esas mismas lágrimas era prisionera de un padre y una sociedad que no entendía mis deseos de libertad.
—¿Iris? —no contesté y decidí ponerme de pie con mucho cuidado para acurrucarme en la cama —Iris ¿Estás bien? — solté un sollozó arropándome con las suaves mantas —Por favor hermana, contéstame —pero no lo hice.
Me tumbe abrazándome a mí misma, ignorando el llamado constante de Mahruk y llorar hasta quedarme dormida.
Todas las damiselas del reino han soñado alguna vez con ser yo, una princesa con los mejores lujos, los mejores vestidos, con el cariño del pueblo, pero ellas no saben lo que yo desearía ser ellas, alguien normal, una hija de unos padres que no les importa si cometí el pecado de aprender un oficio de los caballeros, alguien que le diera igual si su hija lee, escribe o sabe contar, por el simple hecho que no le creerían, que la ignorarían al ser nadie.
Me gustaría ser nadie y todo a la vez.
__
Me despertó mi barriga gruñendo y junto a ella el dolor de cabeza, mis ojos achinados e hinchados por llorar y algunas zonas de mi cuerpo y rostro adoloridas.
« Debo tener morados en algunas partes ».
Suspiré y me puse de pie caminando hacia la puerta. Como lo suponía estaba encerrada pero no sabía que hora era y estaba muriendo del hambre al no poder ni desayunar, así que toqué y llamé por si alguien venía a mi rescate.
—¡Hey! —golpee la puerta —¡Tengo hambre! —pero nada.
Así que pegue mi oído en la puerta con la esperanza de escuchar algo, pero tan rápido llegó esa esperanza así mismo se esfumó como el humo de una vela al apagarla.
—No me dejarían morir de hambre —hablé conmigo misma —, alguno debe acordarse que como por tres —me quedé un rato en silencio pensando —, a menos … —volví a golpear y gritar un poco más fuerte y nada.
« A menos que haya prohibido eso también ».
—¡No me pueden dejar sin comer! ¡Koray! ¡Nash! ¡Mahruk! —pero nada —Esta bien —empecé a tranquilizarme yo misma —, tranquila, esperaré un rato y se que alguno traerá algo —asentí y suspiré mirando a mi habitación.
Confiaba que al menos Mahruk se apiadara de mí, sabía que Koray era el más enojado de los tres pero también que yo era su consentida, y Nash no soportaba verme hambrienta.
Confiando en eso tomé un baño para entretenerme, como lo había previsto un horrible morado comenzaba a crecer en mi pómulo izquierdo y mi labio sangraba cada que gesticulaba, en mi cadera tenía otro hematoma gigante que se pondría peor con el pasar de las horas y ni hablar de mis piernas.
Luego del baño y al no escuchar nada cepille mi cabello demasiado enredado y con algunos pelos sueltos. Salí al balcón de mi habitación para contemplar las vistas. Conté los pajaritos que por allí pasaban. Volví a llorar. Perdí la esperanza de libertad. La recuperé al darme palabras de aliento. Y así llegó la noche y con ella un dolor en la boca de mi estómago al no recibir ni pan ni agua en todo el día.
—Así que me van a dejar morir de hambre —apreté los labios y miré mi cama —, pues ese día no será hoy —tomé las sábanas y empecé a hacer nudos con ellas.
El comportamiento de mi padre, que mi madre no dijese nada y que mis hermanos me abandonaran fueron la gotita que derramo el vaso; y amarrando las sábanas a la pata de la cama y tirándolas sobre el balcón me lancé para salir de allí.
No más.
No iba a soportarlo más.
¡No más!