Capítulo IV

1686 Palabras
Imagina cuan felices seríamos, cuánta libertad tendríamos para ser nosotros y nosotras mismas, si no tuviésemos el peso de las expectativas de género. Iris —¡Contesta! —el pirata resopló y alzó sus manos en forma de derrota. —No le hice nada … aún —levantó su comisura derecha enfureciendo aún más a mis hermanos quienes dieron tres pasos hacia adelante. —¡Alto! —los rodee para detenerlos —Solo me ayudó porque estaba paseando tranquilamente y caí. —Paseando tranquilamente dice ella —se río el muy infantil. —¡Pero mira como estás! —Nash se apresuró a quitarse su Jubón y cubrirme con él. —¿Paseando? —Koray fijó sus ojos enfurecidos en los míos —¿Estabas paseando tan lejos del castillo, sin permiso y sin guardias? —Podemos hacer esto en el castillo —Nash intercedió guardando su espada igual que Mahruk —, si padre se entera que has salido se armará una grande —pasó su brazo sobre mis hombros y me dio un leve empujón para que caminara. Todo estaba peor en cada segundo, había salido para hacer un cambio en mí y conseguir aliadas que estuviesen cansadas de ser tratadas como seres inferiores y sin valor, y heme aquí, mojada, regañada, salvada por un pirata y derrotada. —Tu nos acompañas —Koray señaló con su espada al pirata. —Me parece un abuso de poder que me quieran llevar cuando solo la rescaté de morir ahogada. —Koray —lo llamé pero no movió ni un músculo —, hermano —giró solo un poco su cabeza en señal de que me escuchaba —, déjalo por fa … favor —se me quebró la voz y ahí si se giró completamente a mí —, quiero ir a casa —una lágrima se resbaló por mi mejilla. Me sentía tan patética que solo quería tomar un baño y fundirme en la cama entre las sábanas para esperar mi triste futuro. Koray suspiró y asintió guardando su espada y dando ordenes para subirnos a los caballos, en toda mi vida sería la segunda vez en subir a uno, el primero fue cuando me perdí en el bosque y Koray me encontró, y ahora cuando vuelven a rescatarme. No me deberían llamarme la Princesa Iris sino la Princesa Tonta. —Espera —le dije a Nash cuando el caballo comenzaba a partir. —¿Qué pasa? —me salí de sus brazos un poco para mirar la pirata. —¿Cuál es tu nombre? —Iris —me llamó mi hermano mayor entre dientes pero lo ignoré. —Aibek Hughes, su majestad —hizo una reverencia melodramática. —Gracias, Aibek Hughes —alzó sus cejas sorprendido. —No tienes nada que agradecerle, es su deber —giré los ojos hastiada del comportamiento de Koray quien salió galopando y dejándonos atrás. —Pues yo si te agradezco —llegó Mahruk a nuestro lado y asintió al pirata sorprendiéndolo aún más. —A la próxima no te desnudes delante de mi hermana —Nash con un movimiento de sus pies se comunicó con su caballo y éste salió a trote detrás de Koray. —Lo siento —me acurruqué en mi hermano para calentarme. —Nos preocupamos, más al enterarnos que te estaban persiguiendo los rebeldes —me tensé. —¿Cómo … ? —El pueblo es cizañero, apenas nos vieron llegaron como cotillas a su nido —solté un suspiro viendo más de cerca mi hogar —, ¿Por qué te perseguían? —bostecé por el cansancio que mi cuerpo empezaba a experimentar. —Porque querían mi vestido —soltó una risita. —Si quieres reconciliarte con Koray y evitar que le informe a padre deberás inventarte una mejor. —Tu eres el genio, ayúdame —negó cuando cruzamos el portal del castillo. —Deberás salir de esto sola Iris, así aprenderás —se bajó del caballo y posó sus manos en mi cintura para ayudarme a bajar del animal. —Por favor Nash, no quiero que me vuelvan a encerrar —sonrío con tristeza y acarició mi mejilla. —Aprende tu lugar y no volverá a pasar —apreté mi dentadura. « ¿Aprender mi lugar o aceptar que seguiré siendo manejada como una tela de vestido de alquiler? » —Jamás —dejó caer su mano ante mi respuesta y suspiro con un toque de enfado. —Entonces prepárate para las consecuencias —se dio la vuelta tomando al caballo del arnés y alejándose. Solo me quedaba Mahruk, el menor de los tres y el más comprensible con mis travesuras, así que me giré hacia él quien negó. —No esta vez, te pasaste y te pusiste en riesgo —y sin más también se fue. Suspiré acomodando el jubón en mi cuerpo y caminando a mi habitación con el suficiente sigilo para evitar cruzarme con alguien que pudiese comentar sobre mi demacrado aspecto a los reyes de Nesta. Pensarás que como princesa tengo muchos amigos de las diferentes realezas que hay, pero no, ser alejada de mi pueblo también incluye ser aislada de las demás coronas, así que mis únicas compañeras y quien me soportaban eran mis criadas, tres en total. —¡Princesa! —se escandalizaron al verme —¿Pero que ha pasado? —alcé mis brazos y de inmediato empezaron a quitarme el vestido mojado. Aislinn, Delma y Gelasia, esos son los nombres de las tres chicas que me sirven en todo y las cuales están aprendiendo el abecedario y contar con granos de trigo. —Me escapé y me encontraron —las tres llevaron sus manos para tapar su boca. —Ya puedo imaginar lo enojados que están todos —intervino Delma y la mayor de las tres. —¿Eso significa que el Rey la castigará, majestad? —solté un suspiro por el solo pensamiento de mi padre irritado y por el alivio que me proporcionaba sacar las enaguas y el corset de mi cuerpo. —Tengo la esperanza que mis hermanos no le digan, a ninguno les gusta cuando soy reprendida. —Se qué el Príncipe Nash aconsejará adecuadamente al futuro Rey y nada pasará —las tres miramos a Aislinn y la menor de todas quien se sonrojó por tener tres pares de ojos en ella. —Ya está la tina princesa —Gelasia la del medio era la más callada y menos chismosa de las tres. Ignorando el comentario lleno de mariposas de mi criada menor me dirigí desnuda al baño, si, desnuda, entre nosotras no había timidez, pero era diferente si un hombre llegaba a posar sus ojos en nuestra piel, eso solo lo podía hacer nuestro esposo y nadie más, lo que me llevó a pensar en aquel pirata y algo me hizo cerrar con fuerza las piernas. Esa mirada profana en mi pecho me molesto en su momento, pero ahora … el pirata, Aibek, era bastante sexy. Cabello oscuro como el mío, una barba incipiente, ojos claros y un cuerpo de infarto. —¿Princesa? —salí de mi ensoñación mirando a las tres chicas delante de mí —Le preguntaba si está bien el agua o un poco más caliente —me aclaré la garganta. —Esta perfecta. —Conozco esa mirada —movió las cejas Delma —, la princesa está enamorada —las tres pegaron un gritito de emoción y hasta saltaron. —¡Shh! —se rieron y aguardaron silencio —¡No es cierto! —se miraron entre ellas y luego a mí sin creerme —¡Por favor! No se puede enamorar de alguien a quien se vio una sola vez. —Significa que si conoció a alguien —Delma aplaudió —. Yo sabía que en esas escapadas alguien tenía que aparecer —giré los ojos. —Es un pirata —borraron su sonrisa ipso facto. —No —negó Aislinn —, los piratas son unos mujeriegos —todas asintieron. —Su físico les ayuda para ser todos unos donjuán —volvieron a asentir. —Mejor se consigue a otro princesa —alcé una ceja. —¿Y quién dijo que quiero conseguirme a uno? —solté una risita y me hundí en la tina. Cada habitación del castillo contaba con su baño privado, el mío tenía el color dorado a donde quiera que mirases. La tina era en realidad un espacio donde tranquilamente cabrían trece personas, mantenía con pétalos de rosa rosada y su olor se pegaba en mí. Podría querer hacer cosas de hombres pero eso no significaba que no me gustara lo que implicaba ser una dama. Salí debajo del agua tomando aire y volviendo a pensar en esas pestañas mojadas y lo bien que se sintió que alguien retara a mis hermanos. « Tal vez pueda volver a verlo ». Al alzar mi mirada sonreí con ternura al verlas intentar contar los jarrones que decoraban la instancia. —¡Tres! —gritó Aislinn. —Después del cinco sigue el seis, no el tres —le corrigió Gelasia. —Yo digo que hay el número que le sigue a ese —Delma contaba en sus dedos. Si quería volver a ver a un pirata solo porque me pareció … curioso para la vista, ¿Por qué no volver a intentar con las rebeldes? No era solo por mí. Como en mi tierra en las demás también podría haber chicas inconformes con el parámetro que los hombros regían sobre nosotras. Mujeres capaces cansadas de no ser tomadas en cuenta, mujeres con ganas de aprender y elegir, ser escuchadas y no tener miedo de ser castigadas por salir y mostrarse al mundo. —Lo volveré a intentar —ellas se giraron a mí. —¿A qué se refiere princesa? —me puse de pie y mi cuerpo completo se erizo. —Volveré a buscar a aquellas que quieren revelarse —se miraron confundidas —, ahora, ¿Pueden pasarme algo para secarme? —se apuraron. Descansaría, dormiría y empezaría de nuevo mañana. Un día nuevo, una oportunidad nueva.
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