San Juan Crisóstomo decía: “Cuando la primera mujer habló, provocó el pecado original”. Y San Ambrosio concluía: “Si a la mujer se le permite hablar de nuevo, volverá a traer la ruina al hombre”. La iglesia católica les prohíbe la palabra, los fundamentalistas musulmanes les mutilan el sexo y les tapan la cara, los judíos muy ortodoxos empiezan el día agradeciendo: “Gracias señor por no haberme hecho mujer”. Sabemos coser, bordar, sufrir y cocinar, hay hijas obedientes, madres abnegadas, esposas resignadas. Durante siglos o milenios ha sido así aunque de su pasado sabemos poco, ecos de voces masculinas, sombras de otros cuerpos. Para elogiar a un prócer se dice: “Detrás de todo gran hombre hubo una mujer”, reduciendo a la mujer a la triste condición de respaldo de silla. Con Mujer al Poder

