Nos enseñan a escondernos, a bajar la mirada, a sentirnos avergonzadas y depender de una opinión ajena para vernos brillar. Iris Sentí que arrugué mi entrecejo pero al intentar abrir mis ojos un fuerte dolor en la parte inferior de mi cabeza me lo impidió. « ¡Auch! » Sentí tantas nauseas que todo mi rostro se contrajo en un gesto de dolor y asco, pero gemí al experimentar como me zarandeaban. —Prin … sa … —escuchaba a lo lejos como hablaban una y otra vez. La voz era lejana, suave y asustada. Cada vez se fue haciendo más fuerte hasta el punto de comprenderla y captar al propietario de esa voz. —¡Princesa, por favor, despierte! —¿As … —me interrumpí al sentir mi garganta reseca —Astrophel? —abrí mis ojos para encontrarlo delante de mí con una expresión preocupada. —¡Gracias a Hasti

