En mis historias en Dreame, Sueñovela y w*****d, las mujeres y heroínas necesitan de un amigo, un compañero, pero no un salvador. Iris Aibek era un malvado. Ambos yacíamos cabalgando a la velocidad de una babosa mientras los caballos que nos seguían les daba tiempo hasta de parar a comer, como si nadie nos esperara con ansias. —¿Por qué tardaste tanto en regresar? —¿Esperabas mi retorno? —No está bien responder una pregunta con otra. —Y no es de princesas evadir una —me giré para que no viese la patosa sonrisa que cualquiera de sus palabras me provocaba —. Si te digo que solo vine para traer guarnición para el pueblo vikingo ¿Me creerías? —me giré ipso facto hacia él. —Claro que no, los bárbaros son expertos en conseguir su alimento sin depender de nadie —me sonrío socarronamente.

