Todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio que hasta hoy se ha hecho de los derechos naturales e imprescindibles de ser mujer. Iris El silencio me hizo sentir extraña. « ¿Ahora tenía el poder en la voz para acallar a una guerra? » Ni yo me lo creía, pero ahí estaba, de pie en medio de todos peleando entre sí. Así que caminé aún sosteniendo mi espada y enfrenté a la población. —Basta —repetí con verdadero sentimentalismo —. ¡¿No ven que nos estamos haciendo daño entre nosotros?! En vez de estar unidos como pueblo, como un solo reino que siempre hemos sido, como la Nesta rica y ambiciosa, estamos separados porque solo siguen las órdenes de un rey que huye apenas tiene la posibilidad —se miraron entre sí, guardias mirando a mis chicas y mis chicas a la Guardia Civ

