C9

3054 Palabras
La frase que dijo ayer cuando me dejó frente a mi casa ha estado rondando mi cabeza como si fuera una maldita ruleta rusa. Admito que se vea terriblemente atractivo hablando en otro idioma, pero es más mi frustración por no comprender una m****a que el d***o hacia él. Termino de pasar el limpión sobre la mesa ubicada en el exterior de la cafetería y entro nuevamente para volver a la caja. Que maldita frustración no saber las cosas que me han dicho. Me detengo en seco en mi sitio en cuanto veo a la viva imagen de la elegancia y la belleza a poca distancia de donde estoy. Esa silueta se me hace muy familiar. Su cabello color cobre esta perfectamente acomodado en un moño y lleva un traje color verde pastel, acompañado por unos zapatos con tacón de aguja del mismo color. Esta mujer fue sacada de una revista de modas. Cuando gira su cuerpo hacia mi dirección, sus ojos verdes se clavan directo en los míos. Estar frente a esta mujer que solo he visto pocas veces pegándose a Gabriel como una babosa y por la que le he empezado a sentir desprecio es simplemente aterrador. No debería mirar nada de lo que lleva encima, pero es inevitable no hacerlo. Es que lleva pintura de labios rojo y las pestañas perfectamente encrespadas, sus uñas llevan un estilo francés y de su cuello cuelga un collar que de aquí a la luna se ve que es terriblemente caro. Esta mujer se viste para lucirle a los demás, le grita a la gente que la mire sin que su boca emita un solo sonido. En el momento en el que sus tacones comienzan a avanzar y emitir ese extraño sonido que me pone un poco nerviosa, mi cabeza me grita que salga corriendo, pero mis pies se rehúsan a moverse de su sitio. ¿Que m****a quiere ella aquí? Sus ojos están fijos en los míos y para mi completa desdicha, he empezado a sentirme como una niña pequeña debido al peso de su mirada. No es posible que ella sepa quien soy porque nunca nos hemos visto antes. ¿O sí? En cuanto detiene sus pasos a un paso de distancia de mí, mi corazón da un vuelco terrible en mi pecho y comienza a palpitar con furia. Esta sensación es terriblemente insoportable y completamente anormal. Jamás había sentido esto con nada ni nadie. -¿Planea llevarme a mi mesa o debo encontrarla sola?...-dice después de unos segundos en silencio. Al principio mi confusión es enorme, pero luego de acomodar mis ideas en su sitio, llego a la conclusión de que es imposible que ella sepa quien soy yo. -Disculpe, venga por aquí...-digo antes de ponerme a caminar hacia una mesa en el exterior. Entre más lejos esté de la gente, mejor será para todos y para mí.-en seguida vendrá alguien a tomar su orden...-digo una vez que su t*****o ha tocado la silla. La simple idea de haberle indicado a donde demonios estaba la mesa me pone terriblemente enferma. -Tome usted mi orden...-me detengo de golpe en mi sitio en cuanto escucho la orden que ha salido de sus labios. ¿Esta mujer se ha creído la reina de este sitio o que m****a? -Disculpe señora, pero ese no es mi trabajo, así que declino de su orden y me retiro...-digo antes de avanzar hacia la entrada del local y caminar con orgullo hacia mi sitio tras el mostrador. Mis manos están temblando y mi corazón esta a nada de salirse de mi pecho, pero debo actuar con normalidad y no demostrarle cuanto me afecta su presencia aquí. Tomo fuerza de mi corazón y ovarios para continuar trabajando con normalidad, olvidado el hecho de que hay una maldita violadora sentada a unos pasos de distancia de mí y por un instante lo conseguí. Conseguí pasar por alto su intimidante mirada y ese aire de superioridad que tiene. Lo logré por un breve instante. -Valeria...-dice la chica rubia y de ojos azules que le tocaba atender a esa despreciable mujer. Por la forma en la que sostiene la libreta, puedo entender que no salió nada bien.-ella quiere que vayas a atenderla...-el terror se evapora rápidamente de mi sistema y lo sustituye el enojo. Esta maldita mujer se cree la número uno, pero no es más que una puta víbora resbalosa. Le arrebato la libreta a la rubia de las manos y avanzo con paso firme hacia la maldita víbora rica. Si quiere un buen servicio, ha perdido la oportunidad de conseguirlo porque yo no seré un pan del cielo. -Creí que este no era su trabajo...-dice cuando estoy junto a su mesa. Abro la libreta y saco el lapicero de mi bolsillo para indicarle que me dice su orden.-me encanta ver a la gente volver con el rabo entre las piernas...-sujeto el lapicero con fuerza y resisto cuanto puedo las malditas ganas de decirle muchas cosas. Clavo la mirada en sus ojos y le regalo mi mejor sonrisa. -Puede decirme su orden, por favor...-bajo la mirada nuevamente a la libreta y aguardo pacientemente a que de sus labios salga lo que desea meterse a la boca para rellenar ese estómago podrido que tiene. -d***o una ensalada con aderezo, una botella de agua fría y una buena dosis de Gabriel...-dejo de escribir en cuanto ese nombre sale de sus labios. Que maldita asquerosa es esta mujer depravada.-¿a usted también le gustaría una dosis de él?...-bajo la libreta lentamente y clavo los ojos en ella. Parece que ella si sabe quien soy. -Desprecio a los que se van por las ramas en lugar de decir las mierdas sin anestesia...-señala con una mano la silla frente a ella para indicarme que tome asiento y yo, sin el más mínimo interés de moverme de mi sitio, solamente ladeo la cabeza para indicarle que no planeo hacer lo que me pide. -Esos ojos suyos son una perdición para quien los ve...-dice antes de desviar la mirada hacia su bolso y comenzar a hurgar dentro de el. Si supiera lo poco que me interesa su opinión sobre mis ojos.-entiendo porque a mi hijo le tambalea el m*****o cada vez que esta a su lado...-desvío la mirada hacia el interior de la cafetería para comprobar que nadie haya escuchado esa basura que ha dicho.-dígame su precio...-dice colocando una libreta de cheques sobre la mesa y acercando el lapicero a las líneas en blanco del papel. Me he quedado en blanco en un dos por tres. -¿De que demonios habla?...-le digo con la voz cargada de confusión y enojo. No comprendo que m****a sucede con esta mujer, pero empieza a asustarme de nuevo. -Quiero saber la cantidad de dinero que desea para que deje a mi hijo en paz...-sin verlo venir, una risa escapa de mis labios ante lo que me ha dicho. La mirada de confusión que me da es de película.-¿dije algo gracioso?...-he reído hasta llorar y todavía pregunta si ha dicho algo chistoso. Me acerco lentamente a su silla, sin dejar de sonreír y clavo la mirada en sus ojos. Esta mujer me ha dado mala espina desde que la vi por primera vez, pero algo en esos ojos me resulta terriblemente familiar. Debe de ser por el m*****o parecido con Damián, a excepción de que los ojos de Damián muestran bondad y los de ella odio latente. -Le voy a pedir algo...-la sonrisa se borra de mis labios de golpe y el enojo coloca su máscara sobre mi rostro para hacerla caer de rodillas frente a mí.-nunca vuelva a llamar "hijo" a Gabriel frente a mí...-un atisbo de sonrisa intenta dibujarse en sus labios, pero algo lo reprime rápidamente.-o le arrancaré sus perfectos dientes de un m*****o golpe...-me incorporo y giro en mi sitio para largarme de una buena vez de este sitio, pero ella, con todo el enojo y la rabia que tiene en cada fibra de su cuerpo, clava sus uñas en mi antebrazo y me jala con furia hacia ella. -Creo que no fui muy clara...-siento como sus uñas perforan lentamente mi piel, pero hago como puedo para no dejarle ver el dolor que siento por ello.-¿cuál es la maldita cifra que propone para dejar a Gabriel en paz?...-con mi otra mano saco el lapicero que metí en mi bolsa hace un momento y sin dudarlo, lo muevo rápidamente en dirección a su ojo izquierdo. Deseaba seguir el camino, pero le daré una oportunidad para que me suelte por las buenas. -Saque sus malditas uñas de mi piel o le perforo el ojo con esto...-sus ojos están fijos en los míos, posiblemente lanzandome maldición tras maldición en la mente por dejarla sin opciones. Saca las uñas lentamente de mi piel y yo alejo el lapicero de su ojo.-enseguida traerán su orden...-digo incorporandome en mi sitio para ir al interior de la cafetería y no ver a esta mujer en lo que resta de mi día o vida. Que día de m****a es este. Llegaré a mi casa y tomaré un delicioso baño caliente, me voy a enjabonar con ese extraño jabón con olor a rosas que Nath me regaló en este cumpleaños y voy a olvidar este momento con esa mujer con una buena manoseada. Debo olvidar absolutamente todo de este día sí o sí. -Septiembre dieciséis...-me detengo de golpe en mi sitio ante sus palabras. Mis manos han empezado a temblar nuevamente y mi corazón parece haberse quedado inmóvil.-un día normal para todos...-trago una roca de saliva, pero no giro para mirarla. Esta mujer investigó todo sobre mí.-pero no para la familia Rowell...-escucho sus tacones acercándose lentamente hacia mí, pero solo hasta que coloca sus manos una encima de mi hombro y otra rodeando mi cuello, siento el d***o de desaparecer de la faz de la tierra.-espero que tenga la cifra decidida cuando nos volvamos a ver o de lo contrario tendré que hacerle una visita a una linda jovencita que esta internada en el hospital...-arrastra una de sus uñas sobre la piel de mi cuello en cuanto hago el intento de girar mi rostro para mirarla. Si toca a Nath, la mataré a como dé lugar.-espero que su cerebro esta vez se grabe que yo no repito las cosas tres veces...-nuestros ojos hacen contacto visual y en ese breve momento en el que lo único que veo es a ella, todo a mi alrededor se ha oscurecido y se ha vuelto frío. Gabriel constantemente se ve atormentado por algo, como si llevara un peso en su espalda del que no puede liberarse y casi creo o más bien, estoy segura de que ese peso tiene que ver con esta mujer. -Tenga cuidado de a quien amenaza...-el hechizo que sus ojos pusieron sobre mí se evapora en cuanto la punta del cuchillo que estaba sobre su mesa toca su abdomen. Ni siquiera se dio cuenta que lo tomé cuando me acercó hacia ella y eso me da ventana para futuros golpes que se le ocurra darme.-soy alguien que pertenece a lo bajo y no tengo nada que perder, así que mi mano no temblará para meter este cuchillo en su abdomen...-la punta de su uña roza mi piel y de inmediato siento mi sangre fluir por mi cuello. Esta mujer no es alguien ordinario. -Corre conejito, corre tan rápido como puedas y escóndete...-acerca su boca a mi oído muy lentamente. Por más que tenga algo con la que puedo matarla, mi cuerpo se queda rígido ante ella.-porque una vez que derrame su sangre, iré tras la tuya y la de todos los que amas...-me he quedado de piedra. Sé que debo hacer algo, pero no puedo mover mi cuerpo ni un poco. La sigo con la mirada una vez que se aleja de mi y camina en dirección a la salida del restaurante. Mi cuerpo se rehúsa a moverse, pero en mi mente la he seguido hasta la puertas, le he clavado el cuchillo hasta el fondo y la he matado. No sé cuánto tiempo duré clavada en ese sitio, pero cuando logré moverme, sentí que tenía piedras en lugar de pies y en el pecho tenía una cadena muy pesada. Siento que mi cabeza explotará en cualquier momento. -A buena hora vienes, niña...-dice Karen con furia. Lo último que d***o es escuchar sus malditos regaños. -Sólo cierra la boca y déjame respirar...-digo más para mí que para ella. No quiero una pelea ahora, solo quiero terminar mi trabajo en paz. -Mira niña, si por tu culpa me rebajan el día de hoy, me aseguraré de hacerte pagar por ello...-sin que pueda corregir mis pensamientos, mis manos se adhieren al uniforme de Karen con fuerza y la acerco de un jalón a mi. -TE DIJE QUE CIERRES LA MALDITA BOCA Y ME DEJES RESPIRAR...-he empezado a llorar de la rabia que siento. Tengo tanto miedo que no puedo tranquilizar a mi corazón. Es esa maldita mujer la que me hizo sentir esto, ella es la responsable de mi miedo y mi agonía, de mi odio y mi desprecio. Ella es el depredador que me sujetó del cuello y me agitó en el aire para dejarme claro que ella ganará, siempre ganará. -Valeria...-en medio de los gritos de agonía que escucho en mi cabeza y la rabia que se expande por todo mi cuerpo mientras sostengo a Karen del vestido, la voz de Gabriel se acerca como bola de fuego en esa oscura y me pega directamente en el corazón. Giro mi rostro lentamente hacia él y por alguna extraña razón, siento una especie de alivio cuando veo su rostro. Mi corazón se estruja al pensar en todo el daño que esa despreciable mujer le pudo hacer a Gabriel durante muchos años y nadie estuvo ahí para ayudarlo o quizá si estuvieron, pero no pudieron hacer nada. Suelto el vestido de Karen lentamente, sin dejar de mirar a Gabriel y me alejo del mostrador para acercarme a él. Este pobre hombre ha sufrido como nadie, ha vivido en un infierno gracias a esa mujer y lo ha hecho solo. -Gabriel...-estoy llorando nuevamente, pero esta vez es por el dolor que siento al saber la tortura y la injusticia que este hombre tuvo que pasar. Agradezco que extienda sus brazos para sujetar los míos porque siento que mis piernas están fallando.-no imaginé que esto....Nunca pensé que esto fuera....Esto es el....Es espantoso...-su mirada baja lentamente a mi cuello y se queda fija por unos segundos en el. No creo que esa mujer me haya podido lastimar con sus uñas de plástico, quizá sólo fue el miedo que sentí en ese instante. -Estuvo aquí...-sus ojos se clavan en los míos y puedo ver como el enojo empieza a crecer en su interior. Cuando su mano roza el sitio donde esa mujer clavo sus uñas para atraerme hacia ella, el ardor es tan insoportable que quito mi brazo de su mano rápidamente. Bajo la mirada lentamente hacia mi brazo y me quedo de piedra cuando veo los cuatro agujeros que dejaron sus uñas en mi piel. ¿Sus malditas uñas de plástico perforaron mi piel de esta forma? Maldita sea. Claro la mirada nuevamente en sus ojos, al tiempo que paso un dedo en el sitio donde sentí que ella perforó la piel de mi cuello y efectivamente lo hizo. Mi dedo está manchando de sangre, mi sangre. -Sangre...-digo en un susurro. Es tan espesa y de un color tan rojo que casi parece pintura. -Valeria, ¿que dijo ella?...-alzo la mirada nuevamente y la clavo en sus ojos. Quizá él entienda esa cosa extraña que dijo antes. -Corre conejito, corre tan rápido como puedas y escóndete...-no lo sé con exactitud, pero casi parece que ha dejado de respirar. Esto significa que ese mensaje no era para mí, era para Gabriel. -Porque una vez que derrame su sangre, iré tras la tuya y la de todos los que amas...-me quedo de piedra en cuanto esas palabras escapan de sus labios. Eso significa que él ya había escuchado ese mensaje extraño, sabe su significado y lo que podría suceder si no hace caso a las palabras de esa mujer. -¿Que demonios está sucediendo, Gabriel?...-le pregunto con voz temblorosa y poco audible. Necesito entender lo que sucede o perderé la cabeza. Por primera vez desde que lo conocí, veo a Gabriel actuando como un animal indefenso y herido. Creí que era firme como un roble, pero parece que su mayor miedo es esa mujer y si mis teorías sobre ella son ciertas, tiene razón al tenerle miedo. -Es una amenaza...-dice antes de soltarme lentamente los brazos y alejarse unos pasos. Esta tomando actitud de robot, lo puedo notar. -¿Amenaza para quien? ¿Para mí? O es...-su mirada esta fija en algún punto detrás mío, pero sé que no está viendo a nada ni a nadie porque no es difícil saber que su cabeza está maquinando a todo vapor para poder salir de esto.-¿para usted?...-sus ojos se clavan lentamente en los míos y un escalofrío recorre mi columna vertebral con rapidez ante la mezcla de emociones que esconden ese par de lagos azul grisáceo. -Para ambos...-contesta antes de dar media vuelta y comenzar a caminar hacia la puerta. Mi mente maquina por unos instantes, pero no quiero hacer más teorías, necesito que él me explique todo esto. Avanzo a paso veloz detrás suyo y antes de que suba a su auto, lo jalo del brazo para detenerlo. Esta extraña acción me ha hecho sentirme un poco mareada, como nostálgica. Maldita sea, no entiendo que m****a me sucede últimamente. -¿Que desea ella de mí?...-pregunto con voz temblorosa. Esa mujer no debe querer nada de mi. -Desea que deje ir a su posesión más valiosa...-estoy segura de que no tengo nada que le pertenezca a esa mujer, nada que tenga suficiente valor como para que me amenace.-algo por lo que ha derramado sangre inocente y por lo que estaría dispuesta a seguir haciéndolo si no lo deja...-arrastra su mano lentamente por mi antebrazo hasta que llega a mi mano.-mein Herz...-otra vez ese idioma que no entiendo, pero por alguna extraña razón, mi mente parece entender esas dos palabras. A Gabriel. Tengo el corazón de Gabriel
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