C13

2488 Palabras
A pesar de que mi cuerpo estaba helado por toda el agua de lluvia que recibí, mi sangre arde en mis venas como mechas encendidas. Estoy emocionada, aterrada, molesta y angustiada por todo lo que implica que haya expuesto mis sentimientos hacia Gabriel. Lo más curioso del asunto es que algo en él parece haber cambiado, como si una llama en su interior se hubiera encendido y le hubiera otorgado algo de calor a ese tremendo cuerpo que posee. Me resulta curioso que la única marca que tiene sea la cicatriz en su cintura y aún así le va muy bien a su cuerpo. Cuando el auto se detiene frente a mi edificio, algo en mi estómago pesa terriblemente. ¿Será la montaña rusa de emociones que he sentido desde que desperté? ¿O la próxima ausencia de un ser desconocido al que mi corazón parece haberse aferrado? Quizá sean ambas. Maldita sea, que fastidio admitir que este hombre se ha enterrado en mi corazón tan rápido y tan descaradamente. Lo peor del caso es que se empeña en quedarse ahí todos y cada uno de los días. -Valeria...-clavo la mirada en él. Su expresión es indescriptible.-mañana es la cena de celebración por el puesto de mi hermano y quiero saber si vendrá conmigo...-debo ir con él a esa cena, pero no sé que humor tendré después de la comida con mi familia y eso podría ser un problema para ambos. -d***o acompañarlo, Gabriel...-su rostro parece recobrar un poco de color y luz, pero al ver mi expresión, ese poco se evapora rápidamente.-pero será un fastidio para usted si algo sale mal antes de esa cena...-me mira con latente confusión. No puedo explicarle a detalle lo que sucede, pero si puedo proponerle algo a cambio de acompañarlo.-por eso, propongo un trato...-se acomoda mejor en el asiento para mirarme correctamente. Cada movimiento de este hombre es como una ráfaga de calor para mi cuerpo.-iré a la cena si usted viene conmigo a una comida familiar...-alza ligeramente las cejas y una pequeña sonrisa amenaza con salir de sus labios. Parece que ve esto como una broma. -¿Acaso desea presentarle a su novio a su familia?...-su tono burlón me arranca una risa. A veces dice cosas tan ilógicas. -¿Alguna vez le han dicho que usted es muy gracioso?...-ahora el que ríe es él. Después de Nath, él sería la mejor compañía en un viaje directo al mismo infierno.-es una comida para conmemorar a una persona que perdimos y debido a que Nath no puede asistir, usted es la única opción que me queda...-desvía la mirada hacia el exterior y el silencio abunda en el asiento t*****o por unos segundos. Desearía poder leer la mente. La forma en la que se queda meditando en lo que he dicho me hace creer que se negará a aceptar este trato. Honestamente no lo culpo por no querer ir a esta comida, ni yo d***o ir. -¿Es la persona que van a conmemorar la misma que tiene conexión con la ministra y su hijo?...-dice sin mirarme. De un pronto a otro, el aire se ha vuelto pesado e insoportable. -Sí...-gira su rostro lentamente hacia mí y sus ojos se clavan en los míos. Me va a rechazar, lo puedo sentir. -¿Me dirá quien es esa persona o me tendrá en las sombras un poco más?...-si irá a la comida conmigo, debo decirle quien es. Pero no d***o hacerlo ahora. -Se lo diré hoy en la noche...-no era mi intención que mi voz sonara tan áspera y fría, pero en cuanto a este tema se refiere, no soy muy buena para abrirme y hablar. Abro la puerta del auto y salgo. No sé como demonios debo prepararme para hablar de uno de los días más tristes y traumantes de mi existencia, nadie jamás se prepara para una cosa así. El hecho es que he tenido que luchar muy duro contra los demonios que me atormentan desde eso, pero aunque luche, muerda, golpee y rasguñe, siguen rasgando mi piel con sus enormes uñas cargadas de imágenes de ese día. Subo las escaleras y avanzo a paso veloz hacia mi apartamento. Todos dicen que hablar de eso que atormenta es la mejor forma de superar los traumas o la tristeza, pero he hablando hasta el cansancio y he soltado el tapón muchas veces, pero nunca da resultado. Las pesadillas siguen atormentando mis noches. ¿Con que cara me verá él después de que le diga que estuve presente y que no pude hacer nada para salvarlo? Es que todavía puedo ver el fuego quemando sus dedos, la cuerda alrededor de su cuello y la sangre saliendo de su cabeza cuando la bala se introdujo en su cráneo. "La figura escondida tras la bandera de la justicia." Esa frase. Esa maldita frase que inició este s********o camino hacia su muerte todavía me tortura y me hace perder el aliento. Si él supiera que aún no he hecho nada para cumplir con su condena, estaría enojado y decepcionado de mí. Avanzo hacia mi habitación, con una pesadez en el pecho y los pies como piedras. Debo trabajar para despejar mi cabeza o me hundiré en la oscuridad del pasado nuevamente. Dos toques sobre la madera de la puerta de entrada me hacen frenar justo frente a la puerta de la habitación. ¿Será Gabriel? Ruego al cielo que sí sea él y así tener una buena distracción de esta maldita tortura. Me hecho a correr hacia la puerta de entrada para abrirle a mi única salida de este infierno. Me quedo de piedra en cuanto veo que quien está ahí no es él, sino uno de los responsables de mi tortura. -Creí que era una broma lo del odioso trabajo en la cafetería, pero veo que me equivoqué...-dice mirándome de arriba hacia abajo. Maldita costumbre familiar. -Y yo creí que las arrugas no le llegaban hasta el límite del cabello, pero también me he equivocado...-intento cerrar la puerta en su cara, pero ella coloca el bastón con cabeza de serpiente tallado en vidrio para impedir que se cierre por completo. -La insolencia sacada de la venenosa de tu madre...-dice antes de empujar la puerta con fuerza hasta que esta pega contra la pared. A pesar de sus años, sigue teniendo esas facciones bastante marcadas, comunes en la familia Rowell: barbilla bastante definida y marcada, ojos azules y nariz fina. -¿Que haces aquí, Josefine?...-avanza lentamente hacia el interior de mi hogar sin haber sido invitada. Desearía que la tierra me trague. -¿Hemos dejado atrás el parentesco y ahora decimos el nombre de la otra?...-dice antes de seguir avanzando por mi casa. A pesar de su renqueo, posee la elegancia y el porte de toda una millonaria. -¿Desde cuando te importa ser mi tía? Lo dejaste claro el año pasado cuando echaste sobre mi vestido una copa de vino tinto y pusiste la maldita escusa de que estas ebria...-una ligera risa escapa de sus labios. Maldita mujer. -Le hice un favor a los ojos de todos los demás, ese vestido te hacía ver gorda y el color era una mierda...-aprieto los puños con fuerza mientras contengo el aliento. Era mi vestido favorito.-que curioso efecto visual tiene esta pocilga a la que llamas casa, desvía mi atención de todo el nido de rata en el que te esfuerzas por adaptarte...-gira en su sitio para encararme nuevamente. Cuando la punta del bastón pega en el suelo, en el espacio entre sus dos pies, el silencio recorre el edificio de un segundo a otro. Se cree la reina y señora de todos. -¿Que deseas aquí? ¿Humillarme al hablar sobre mi casa? Escupe la m****a y lárgate de aquí...-trato de no exponer mi enojo, pero me esta costado demasiado y mis uñas ya han perforado la piel de mis palmas lo suficiente como para continuar aguantando. -Imagino que tu madre y tú vendrán a la comida de mañana, ¿cierto?...-avanza lentamente hacia mí. Ese sonido del bastón tocando el m*****o suelo es terriblemente insoportable.-el hecho de que ambas vengan a esta cena conmemorativa es simplemente repugnante...-de eso no hay duda alguna. Me lo repito constantemente, pero que esa maldita lo diga me da demasiada rabia.-pero incluso tu presencia ahí no es tan desagradable como la de ella...-en eso concuerdo con ella, pero no planeo dejarle ver que estamos de acuerdo en algo. -Lo diré por última vez, escupe la m****a y lárgate de aquí...-sus ojos están fijos en los míos. Este valor lo he sacado de mi padre. Sin embargo, a ella no parece afectarle la electricidad que desprende mi mirada, más bien la hace acercarse aún más a mí. El calor que desprende su cuerpo me encadena a mi sitio y su colonia inunda mis fosas nasales a tal punto de vaciarme el estómago. -No dejo de preguntarme porque ustedes dos fueron las únicas que lo vieron morir...-dice en un susurro. Mis ojos han empezado a arder por las lágrimas que se arremolinan en ellos.-una mocosa insolente y una cobarde malnacida...-acerca su mano a mi barbilla y la enreda de tal forma que sus dedos presionan mis mejillas. La madrastra de Gabriel y esta p***a podrían ser aliadas en una guerra. Hace intento de seguir avanzando hacia la puerta, pero yo la sostengo del hombro y la mantengo en su sitio. Ha venido a mi casa a molestar, ahora yo la molestaré un poco a ella como regalo de bienvenida al infierno. -Parece que deseas saber lo que se siente haber visto eso, así que te contaré...-es hora de sacar todos y cada uno de los demonios que cargo en mi espalda.-haber visto eso significa que no vivirías un solo día sin una pesadilla atormentando tu maldita cabeza, sentirías garras atravesado todo tu cuerpo al despertar mientras tu cabeza te recuerda una y otra vez la imagen de su cuerpo colgando con una soga sucia en media habitación, el detestable olor de su carne quemada por el encendedor y el metálico olor de su sangre inundando tu nariz todos los días, sin falta...-ladeo la cabeza ligeramente, sin dejar de mirarla. He perdido el poco control que me quedaba.-he perdido la cabeza, así que ya no diferencio entre lo que conviene y lo que no, entre el control y el desorden, entre lo bueno y lo malo, pero sé de sobra que si hubieras estado ahí, hubieras acabado con tu miseria después de dos meses de vivir todo lo que he vivido...-quito la mano de su hombro y ella continúa avanzando hacia la puerta. La pesadilla acabará pronto. -Mereces lo que te sucede y ruego que esa tortura te lleve al abismo algún día...-siento su boca a poca distancia de mi oído. Estoy segura de que así será.-como pago por la vida del hombre al que no salvaste...-las lágrimas descienden sobre mis mejillas lentamente. El cuchillo se clava con lentitud en mi pecho.-el hombre a quien alguna vez llamaste padre...-y sin más, sale de mi casa. Sé el infierno en el que vivo, pero que ella de todo el mundo me lo recuerde, es algo que no toleraré. Giro en mi sitio y salgo dando zancadas para llegar más rápido a su lado. He perdido los estribos y no hay nadie que detenga el repulsivo veneno que carcome mi carne con velocidad. Sostengo su brazo con fuerza y la hago girar en su sitio para que me mire. Su cara no cambia ni se tambalea ni un poco ante mi presencia. Si supiera que tiene al león observando su yugular, no estaría tan tranquila. -Pagaré con mi vida el daño que permití que le hicieran a mi padre, pero usted pagará con cada hueso de su m*****o cuerpo viejo y podrido todo el daño que me ha hecho al vivir recordándome que he perdido al dueño del único rayo de luz que iluminaba mi miserable vida...-estrujo con fuerza el brazo que tengo sujeto y puedo ver como intenta disimular lo que le he provocado. Me acerco un poco para susurrar.-no me interesa cuanto más saque su garras, jamás obtendrá un solo centavo de la herencia que me dejó mi padre ni la escritura de su restaurante...-la suelto con brusquedad y giro para ponerme a caminar hacia mi apartamento. He dejado salir absolutamente todo. Siento un nudo en la garganta que crece lentamente. Fue mi padre a quien perdí ese día, pero con su muerte, una parte de mí murió también y no descansaré hasta ver que se haga justicia en su nombre. Gabriel: Tenía la intención de ir a su apartamento y decirle que no hacía falta que me dijera nada que no quisiera, pero antes de llegar al último escalón, la escuché. -Pagaré con mi vida el daño que permití que le hicieran a mi padre, pero usted pagará con cada hueso de su m*****o cuerpo viejo y podrido todo el daño que me ha hecho al vivir recordándome que he perdido al dueño del único rayo de luz que iluminaba mi miserable vida...-creí que jamás la escucharía hablar sobre él, pero aquí está, furiosa y gritando a los cuatro vientos lo que sucedió ese día. El día que yo estuve ahí y aunque ella no lo sabe, estoy seguro de que lo va a averiguar pronto. El familiar sonido de un bastón chocando contra el suelo se acerca poco a poco hacia mí. La segunda responsable de mi desgracia es nada más y nada menos que un familiar de ese ser al que no puedo sacar de mi cabeza. He acostado la espalda en la pared para dejarle espacio para que baje y así poder reírme de ella al verla pasar. Los años la han hecho m****a, pero el veneno dentro de ella la ha mantenido fresca como una lechuga. Cuando llega al tercer escalón, se detiene y gira su rostro ligeramente. Ni siquiera giro mi cabeza para comprobar que es así, pero siento su filosa mirada en mí. Este comportamiento me arranca una sonrisa. -Ein Gast aus der Hölle...-giro mi rostro, sin dejar de sonreír y clavo la mirada en ella. Parece que ha entendido lo que he dicho porque comienza a sonreír. -Ambos lo somos...-giro mi rostro nuevamente y dejo que el sonido de sus pasos descendiendo por la escalera me inunde la cabeza. Somos invitados del infierno. Infierno cuyo fuego consume la carne e inyecta su veneno. Infierno en el que estoy atado de por vida y en el que un ángel como ella jamás podrá pisar. Suelto el pesado aire mientras una rabiosa lágrima se abre paso por mi mejilla. Me vuelvo vulnerable y tonto cuando se acerca el fin de mi estadía en el paraíso, cuando sé que se acabará el calor y el dulce aroma de su piel. Me vuelvo débil cuando sé que me tendré que ir de su lado
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