Había salido de ahí, por fin, puede respirar con más calma y normalidad. Los ojos de Floyd al irme no me dijeron nada, no me indicaron que se molestó ni que le pareció divertido. Solo estaba neutral, quizás estaba pensando en cómo solucionar su pequeño problema. Dicen que los magnates o grandes Ceos asesinan a los pequeños problemas como yo, de verdad espero, que no sea el caso, no quiero enterarme por boca de otro que están intentando matarme, ni tampoco quiero saberlo por mis propios medios.
Si le veo el lado positivo, mamá estaría feliz, mi herencia sería para ella, quedaría siendo millonaria y podría vivir una buena vida después de tanto tiempo. Capaz maté a mi padre y todo se vuelvan bizarro. Al darme cuenta de mis pensamientos, notó que Abott tenía razón, estoy viendo micha televisión, debería dejar de especular contra mi madre y un joven de veinte años, estoy actuando como una loca.
No he podido olvidar la sensación de paz que me producía estar sentada en la playa, meter mis pies dentro de la arena y dejar volar mi imaginación. El sentimiento de que perteneces a algo y puedes aferrarte a ello, siempre me ha gustado, debido a la mala relación con mis padres, me aferré mucho a la soledad, como si fuera una persona, cree en mi mente una especie de lugar seguro. Algo a lo que yo pudiera creer que puedo aferrarme, con Abott pasa algo similar. No me gusta cuando está mucho tiempo con una chica en plan amigos, pienso que van a convertirse en mejores amigos y me dejará plantada o que se hará su confidente y se alejara de mí para siempre. El me ha repetido en reiteradas ocasiones que no va a suceder y que si habla con alguien, es su decisión no la mía.
Y tiene razón j***r, claro que tiene razón, pero igual asusta. Crucé por el pasillo del instituto y Harrison apareció con el rostro sonrojado.
—Hey ¿Qué tal?
—Bien, ya debo irme. Fue un gusto hablar contigo —forcé una sonrisa.
—Te llamas Cora ¿no?.
—Harrison, debo irme, estoy ocupada y me estás molestando.
Le di una última mirada de pena y corrí hasta llegar con Abott, su sola presencia me hizo sentir mejor de inmediato, hablaba con una chica de cabello oscuro, ojos pequeños y grises. Se vestía sencillo, tenía algunos zarcillos y usaba un bolso espectacular. Creo que me quedé viéndola por mucho tiempo, ya que me sonrió y se inclino para hablarme.
—Me llamo Virginia, ¿y tú?.
—Soy Cora —estreché su mano.
—Le estaba diciendo a Virginia, que las instalaciones son una pasada, menos los baños, los baños son asquerosos. Pero si entras a la cafetería, creerás que estás en una película.
—Los baños de mujeres no son horribles, los de los chicos si.
—¿Y tú, como sabes eso? —me preguntó Abott con sumo interés, alcé las cejas y solté una risita diminuta. La chica frente a mí estaba observándolo a él, no a mí, y supe, que podía surgir algo entre ambos. O al menos, por parte de ella.
—Yo se muchas cosas Abott —rodé los ojos.
—Claro —ironizó.
—¿Son novios? —preguntó ella de repente, mi mejor amigo soltó una sonora carcajada y sostuvo su estómago de la risa.
—¿Novio, yo, de ella? —me señaló—. Jamás.
—Abott no es mi tipo —asentí de acuerdo con el
—¿Cuál es tu tipo?.
—Arrogantes, con carisma pero en el fondo románticos y sensibles.
—Los patanes —dijo Abott rodando los ojos.
Lo miré con mala cara y chasquee la lengua, no me gustan los patanes, no me gusta que me traten mal, ni que quieran verme cara de idiota, detesto los chicos que solo me buscan para divertirse, los que me usan, los que han intentado tocarme. No logró verlos como hombres, sino, como bestias. Cuando Floyd sale del instituto y me pasa por el lado, siento un frío recorrer todo mi cuerpo, es parecido al viento, siento que cada pequeña parte de mí se estremece y tiembla. Mi mano derecha va directamente a mis labios y empiezo a morderme las uñas por el nerviosismo.
Aunque Floyd no comenta nada, me dirigí una mirada de superioridad, me mira como si supiera que tiene derecho a todo, que tiene derecho a buscarme y obligarme a escucharlo.
Me sorprende que Abott no me haya preguntado porque estaba tan agitada hace un momento, me di cuenta que no ha estado mirándome cuando me saque la mano de la boca y el seguía hablando alegremente con Virginia, ella le sonreía emocionada, estaban hablando sobre una serie que desconozco y empecé a caminar, esperé que se dieran cuenta de que me estaba marchando. Pero no fue así.
Los amigos son lo mío, no soy de tener una relación estable ni inestable, no pienso mucho en ello, sin embargo, cuando dos jóvenes caminan tomados de la mano, sonriendo y sintiéndose llenos de alegría y contagiados de amor, me provoca tener algo similar. Algo que me llene por dentro, una persona que me haga reír tanto, que olvidé que mis padres van a divorciarse.
Floyd me asusta, sin duda lo hace, más cuando se pone a reír como un loco histérico, su risa inunda siempre las salas y se convierte en el centro de atención. Inevitablemente tiene fama de mujeriego, de bromista, de pesado, de tonto, y de muchas cosas más, pero si ellos supieran que es un empresario famoso, estarían rodeándolo aún más. La gente está acostumbrada a seguir a las personas con dinero, no es lo más importante en la vida, pero para ellos sí. Solté un suspiro cansado y rasque mi nuca, mi cabello cayó en ondas cuando saque mi brazo, miré a los lados y avancé hasta la cera siguiente. El trabajo que tenía hoy no era pesado, me quedaría una hora, como mucho, le serviría a ciertos clientes y realizaría uno que otro pedido.
La empresa de Floyd la he oído en dispersas ocasiones, se habla de ella en r************* , el empresario famoso que no da la cara, el empresario que no le gusta salir en cámaras, el empresario fantasma o la persona que maneja todo sin mostrar quien es. La mayoría afirma que es una mujer, creen que lo es, porque no muestra la cara. Desde hace mucho tiempo, todos tienen la manía de pensar que una mujer es inferior a un hombre, que no pueden hacer lo mismo, que no son capaces de llevar cosas grandes. Así que los periodistas afirman que es una mujer, ahora puedo reírme de ellos y de su absurda idea.
Floyd no se ve como una mujer, es muy varonil y muy toca pelotas también.
—¡Cora! —exclama Julian cuando entró al local—. ¿Cómo te ha ido en la universidad?.
—Bien —me encogí de hombros—. Todos han querido besarme, ¿A qué no soy un encanto? —le dije con cinismo, el se echó a reír y mordió su labio inferior negando con la cabeza. Con Julian siempre hemos tenido una relación llevadera, me gusta divertirme y decirle que todos me aman, y a él le gusta repetirme lo horrible que me visto, y dentro de él, quizás también piense que soy fea y extraña.
—Nadie querría besarte con esas pintas que llevas. Tía, deberías dejar de ser tan colorida.
—Me gusta serlo.
—Es extraño —arrugo la cara—. A los chicos nos gustan las mujeres que se arreglan, que saben vestirse, no tu Cora. ¡Pareces un payaso!.
Sus duras palabras atravesaron mi corazón como un clavo, me dolió oírle decir aquello, no creí que las veces que me decía que mi ropa estaba mal era enserio. Ahora, sentía que insinuaba que nadie va a fijarse en mí, por eso siempre se ríe cada vez que le digo que alguien ha querido besarme. Nadie lo ha querido hacer, solo era un juego y el lo sabe. Se lo he dicho cuando me acompaña de regreso a casa, cuando hablamos con rostro serios y nostálgicos. Pero esto no ha sonado como un juego, contengo la respiración y me giró para ponerme el delantal del local. Cómo no me está viendo, aprovecho de dejar que algunas lágrimas fluyan.
Julian está acomodando los condimentos detrás de mí, se mueve rápido y escuchó el sonido de cada lata poniéndose en su lugar. Cuando me giró y boto el aire que estaba conteniendo, sonrió con superioridad, es una sonrisa ladina, acompañada de un rostro algo terrorífico, mis labios se curvan hacía arriba y mis ojos lo miran como si fuera insignificante.
—No me visto para ellos pedazo de mierda, me visto para mí misma. ¿Y tú qué eres? —me acerqué a su rostro y sonreí chasqueando la lengua—. ¿Un crío que aún no se ha graduado? ¿Un crío sin dinero que no tiene derecho a nada? ¿O eres el estorbo de tus padres Julian?.
—Estamos en el trabajo, no deberíamos tener está conversación —respondió sin inmutarse—. Comprendo que mi comentario haya herido tu ego, pero no me arrepiento de nada. Lo que he dicho, es lo que siento y pienso. Eres preciosa Cora, pero tu ropa no te favorece.
—Gracias —respondí sarcásticamente—. Aunque no recuerdo haber pedido tu infame opinión.
«Estoy bien» murmuré para mí misma, salí a entregar un pedido y puse mi mejor cara. Forzar sonrisas se había hecho una costumbre, era algo cotidiano para mí, cuando la luna se ponía y me tocaba acostarme en la cama. Miraba al techo, esperando la respuesta de algo que no entiendo. Cómo el amor, las relaciones, la vida, los amigos. Muchas veces me he sentido inexperta, ajena a todo lo que me rodea, desearía parar y sentir que estoy bien por primera vez. Es decir, que no me falta nada o que no tengo problemas.
Le entregué la comida a la chica y no me agradeció, tampoco me miró o me preguntó algo. Detesto a los clientes como estos, pero me he acostumbrado con el paso del tiempo. Me retiro de la mesa para no incomodarla y la puerta de abre. Siento el mismo viento que sentí en la mañana y veo la cara de Lily cuando ve quien está en la puerta, o quienes.
—Linda Cora —dice Floyd a mis espaldas—. Te vez sexy con tu uniforme.
—¿Qué haces aquí?
—He venido a comer pizza con Will. ¿No es así, amigo?
—Completamente —se limitó a decir.
—Tráeme una pizza pequeña, la que más te guste a ti.
—¿Algo más? —intenté preguntar sin echar humo pro las orejas.
—Nada más.
El hecho de que Floyd Jane estuviera aquí, es una razón verdadera para asustarme o para querer correr. Estaba consiente de su visita, sabía que el quería que habláramos a solas, donde nadie pudiera molestarnos. Últimamente me he dado cuenta de que confía mucho en Will, son estrechamente cercanos, tanto que me asusta todos los secretos que el pueda tener.
—¿Los conoces? —me pregunta Lily asombrada.
—Están en la misma universidad que yo —respondo recostándome de la caja—. Todos los aman.
—Y con razón —soltó—. Son extremadamente apuestos Cora, deberías estar con uno de ellos, lanzarte a la aventura. De seguro no vas a arrepentirte.
—No quiero estar con un tío que romperá mi corazón al mes.
—¿Y que? Disfrutarás de un buen sexo.
—Mejor inténtalo tu, Lily.
Sus ojos se dirigieron a la mesa donde estaban los chicos y los miró con detenimiento, creo que enserio estaba pensando en hacerlo, supongo que intentarlo con Floyd sería una pésima idea, sin embargo, intentarlo con Will puede que no esté tan mal.
Es un chico callado, pero bueno. Lo he notado a lo largo de estos días, me gusta la manera en la que usa la ropa o como sus ojos se dirigen a las cosas con suavidad. Will es mucho más delicado que Floyd, menos altanero, pero muy leal.