Me acerco a la multitud, todos se encuentran tan enfocados en aquella discusión que no notan mi presencia, están expectantes a aquella escena que no logro comprender, así que sobrepaso a algunas personas para escuchar y observar con más claridad. - Reconoce que has perdido Salvador, así que dame mi premio – grita un hombre tan gordo, sucio y sudoroso como una vaca. - Cambiemos la apuesta, te ofrezco todas las ovejas de mi mujer, son casi cuarenta. – Dice otro hombre que parece preocupado. - ¡No! Hemos apostado a tu hija mayor, así que reclamo lo que acordamos desde un principio. Creo que empiezo a entender lo que está pasando, la joven chica esta arrodillada en el piso aferrada a los pies de quien parece ser su padre, o bueno, si se le puede llamar así. - Por favor, no me dejes ir co

