- Al llegar salude inicialmente al rey David y extienda su agradecimiento por la estadía en el palacio de Charlestom – me indica el secretario mientras nos acercamos a las enormes puertas de mármol.
Hacen el anuncio de mi llegada y abren las puertas para ser recibido
- ¡Príncipe Arthur Phillip de Arán! – anuncia un hombre en la entrada del salón con un tono de voz grave y volumen alto.
Todos los presentes quienes danzaban hermosas coreografías se detienen, giran hacia mí y me reciben con sonrisas y aplausos; camino hasta el rey David y hago una reverencia de respeto ante él.
- Su majestad, que cálida bienvenida me ha brindado, mi padre y yo estamos agradecidos por su recibimiento en el palacio de Charlestom.
El rey se acerca y deposita su mano en mi hombro
- Ya eres todo un hombre, la última vez que te vi eras tan solo un niño. - sonrío y trato de recordarlo pero de todos los lugares que he visitado y las personas que han llegado al palacio, su rostro es el menos claro en mis memorias.
- Ven, quiero que conozcas a la mayor de mis hijas, Diana Isabell Sofia de Charlestom. – la joven princesa de piel blanca y cabello rubio lucía un vestido bordado de flores pequeñas con grandes mangas que daban la ilusión de hombros gigantes, su cintura se veía tan pequeña por su apretado corsé y sus caderas resaltaban al igual que su busto redondeado; su cabello estaba lleno de ondas y un sombrero con detalles de flores. No se cómo hace para caminar con eso en su cabeza.
- Es un honor conocerla – tomo su mano y cuando le iba a plantar un beso en ella observo en una de sus uñas una minúscula cantidad de lo que parece arcilla o barro, recuerdo que Frederic mencionaba que la joven se especializa en artes, quizás estaba haciendo algún tipo de actividad o escultura antes de este banquete. Suelto su mano y dejo el beso en el aire, disimuladamente tomo un paño de ceda que llevo en mi chaleco y limpio mis manos. Observo a Frederic y parece no comprender lo que sucede, la verdad la higiene es demasiado importante para mí, las manos son la segunda cara de las personas y ese pequeño detalle me hace pensar en cómo puede ser la rubia de cabello rizado que esta ante mí.
- ¿Por qué no le das un pequeño recorrido por el jardín a nuestro invitado, mi amada Diana?
- ¡oh! será un placer padre. – dice la mujer algo emocionada y sonrojada.
- ¡No! – Digo de repente – He… digo, está bien, no quiero incomodar a la bella princesa y hacer que el rocío de la noche dañe su perfecto, delicado y gran cabello rizado.
- Es muy modesto usted su alteza, no hay ningún inconveniente, para mí sería un gusto mostrarle una de las vistas más bonitas de nuestro palacio.
- Insisto, no quisiera que su atuendo y su bella presencia se vea alterada por mi culpa.
Frederic parece incomodo ante mi actitud y con sus ojos me hace seña para que acompañe a la princesa
- Pensándolo bien, creo que es una idea maravillosa – digo entre dientes.
Salimos del salón y caminamos hasta un jardín que la verdad no tiene nada de sorprendente, el del palacio de Arán puede triplicar su tamaño y la vista es mucho mejor e incluso hasta el aire que se respira.
- A mí me gustan mucho las flores, encuentro en ellas tanta armonía, me encanta pintarlas en mis lienzos cuando el sol está en su punto más alto y las hace brillar y relucir ¿a su alteza le gustan las flores? – pregunta Diana mientras olfatea delicadamente los pétalos de una flor que no logro apreciar por su enorme sombrero.
- No, no me gustan las flores.
- ¡vaya! Pensé que a usted le agradaban, mi padre me ha dicho que en sus tierras hay paisajes de ensueño, adornados principalmente por flores. Es muy extraño que no le gusten.
- Si, es algo extraño, pero la vida como tal es muy extraña, ¿no cree?
- Pues… sí, creo que tiene razón.
Camino con un poco más de velocidad y la joven acelera sus pasos para ir a mi ritmo
- ¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre? – dice la chica con voz agitada
- De todo un poco – respondo sin mirarla – luego de un largo silencio ella vuelve a retomar la conversación
- A mí me gusta realizar dibujos, pinturas, esculpir en arcilla…
- ¡Claro, sabía que era arcilla! – digo con satisfacción al tener razón de lo que vi antes en su uña
- ¿Disculpe?
- Perdón, continúe por favor. – hago una seña con mi mano para que siga con su discurso
- le decía que me gusta mucho el arte, si desea mañana lo puedo llevar a mi salón de arte para que aprecie todas mis representaciones y esculturas, mis tutores y artistas reconocidos han destacada mi talento.
- ¡Oh! qué triste, pero temo que no podré, mañana temprano debo continuar con mi viaje
- ¿Tan pronto se marcha? – dice la mujer con desilusión
- Si, me espera un largo, largo viaje y el tiempo está contado. Venga, entremos al salón, la noche se empieza a tornar fría y puedo resfriarme.
Entro al salón y hago algo en lo que soy experto, escabullirme entre la gente. Trato de localizar a Frederic pero se me hace difícil; voy hasta el bufet y pido una copa de vino mientras espero que el banquete termine y así poder irme a mi habitación.
- ¿Qué hace aquí su alteza? Pensé que estaba en su recorrido con la princesa.
- Si, el recorrido terminó por cuestiones del clima, parece que una tormenta se quiere aproximar.
- ¿En serio? Hace poco estaba en el jardín y parece plácido.
Lo observo y este me mira fijamente esperando que le diga la verdad.
- No, no era clima – digo para que cambie la expresión con la que mira
- Si, yo sé que no es el clima, ¿Qué sucedió?
- No me gusta – respondo si más
- ¿Ya quieres retirarte? - pregunta Frederic aun con esa cara que me intimida
- Si, la joven princesa es educada, inteligente, pero… pero…
- ¿pero qué?
- … Es que bueno, es muy bonita pero tiene las uñas sucias. No quiero una esposa que tendrá las uñas sucias todo el tiempo por meter sus manos en el barro para hacer muñequitos.
- Eres el único que puede decidir Arthur, eres tu quien asumirá una vida hasta que la muerte los separe con la mujer que decidas tener como esposa, si crees que no es la correcta, si no te sientes a gusto por la razón que sea, entonces está bien, mañana nos iremos a primera hora. – Frederic es el único que me entiende, si mi padre estuviera aquí ya me hubiera casado con la princesa Diana.