Capítulo 4

2055 Palabras
Muy temprano en la mañana emprendimos nuestro recorrido, anhelaba ver la luz del día con tantas ansias que no dormí en ningún momento. Estamos siguiendo nuestra ruta hasta nuestro próximo destino, mi compañero de carruaje se ha encargado de hablar con el rey David y de explicarle la razón de nuestra pronta partida, claramente dejando mi buen nombre por alto. En el camino el secretario real me ha contado que el rey David ha pedido que en mi próximo viaje venga al palacio por más tiempo, cosa que no creo considerar, no me gustaría estar en ese palacio observando su único lugar de paisaje admirable, o sea su jardín y a su hija pintar flores en medio del sol radiante, eso puede dañar mi piel. También, me ha dicho  que había preparado una tarde caza en las tierras de la Macarena pero que la había cancelado por mi pronta partida, esa es una actividad que hago en mis tierras y he realizado en otros lugares, lo hubiera disfrutado a no ser que el motivo de mi visita fuera otro; que lastima, sin duda hubiera sido un plan exquisito para apreciar a mayor detalle lo que la Macarena puede ofrecer, pero la verdad no quería estar un minuto más en ese lugar - Frederic, espero que le hayas explicado de forma sutil el motivo de mi partida. - No tiene de que preocuparse su alteza – expresa mientras anota algo en su agenda personal. - Dime Arthur, me siento mejor cuando me llamas por mi nombre, sin títulos. Además, estamos solos aquí no tienes que ser tan formal. - Lamento no cumplir su petición su alteza pero en este viaje seré cauteloso, recuerde que hay personas acompañándote y hay una delgada línea que no se puede cruzar.  Si, reconozco que está mal, el secretario tiene claras funciones y su lealtad no debe verse  perjudicada ante ningún tipo de situación, intentaré actuar con la responsabilidad que caracteriza a un príncipe para no perjudicarlo. Aunque casi siempre me ayuda a salir de situaciones difíciles y nunca acabo en malos términos.  Nuestro siguiente destino es aún más alejado, por lo que debemos hacer paradas para comer, descansar y ante todo asearnos; el viaje tiene una duración de dos días, los cuales ansío que pasen lo antes posible. Un día y medio después, estamos atravesando un pueblo llamado Finerland, al cruzarlo llegamos a un lugar al que fui invitado, es una de las propiedades del rey Octavio Bonette II; en ese sitio me han extendido la invitación a cabalgar por verdes bosques, sublimes paisajes, maravillosos amaneceres y atardeceres de fantasía en compañía de la familia real. La bella dama que veré es una mujer con la que he tenido el gusto de compartir en dos ocasiones, solo la he saludado y hemos bailado una pieza en bailes en los cuales nos hemos encontrado gracias al destino, su nombre es Victorina Esmeralda Bonette, una agraciada joven. - Debe estar usted muy ansioso su alteza, nos acercamos a gran velocidad a la propiedad de los Bonette. – Dice Frederic con una sonrisa, al parecer siente un buen presentimiento de la joven Victorina.  - No estoy ansioso, realmente no hay expectativas en mi mente de ninguna de las mujeres que estén en la lista que te ha dado mi padre. – respondo con la sinceridad más grande que hay en mi corazón - ¡Oh! que excelente mecanismo de defensa su alteza, sin duda piensa como un hombre muy sabio, no generar pensamientos o ideales de lo que puede esperar en cada dama es una buena manera de evitar las conocidas desilusiones amorosas. - Sí claro, así es… - la verdad no soy un hombre extremadamente complicado solo que soy algo difícil de complacer, difícil de sorprender. Creo que ninguna de estas mujeres cuentan con todas las cualidades y habilidades que me puedan deslumbrar, se que la belleza e inteligencia son aspectos que cautivan a cualquier hombre, pero debe existir algo más, un toque especial, es algo que ni yo mismo puedo describir o que ni yo mismo puedo entender, pero ese algo debe ser tan fuerte que haga que capte mi atención, que creen en mi un pequeño interés o expectativa hacia esa mujer. Más tarde… A lo lejos dan aviso de nuestra llegada, cada vez que atravieso un pueblo los habitantes se agrupan y los niños saludan con mucha emoción. Cuando la velocidad del carruaje es más lenta es una señal de que estamos en nuestro destino. - Sean bienvenidos, en Finerland nos encontramos gozosos de recibirlo su alteza Arthur Phillip. Un hombre, al parecer el encargado de la propiedad es quien nos recibe y nos da una calurosa bienvenida. - El placer es mío, muchas gracias por tan maravillosa invitación – digo en un tono de voz tranquilo mientras le brindo una sonrisa. - Su majestad el rey Octavio se encuentra departiendo con su familia en el lugar preparado para su recorrido, hemos instalado en su habitación lo necesario para que se sienta como en casa. Una vez esté preparado lo llevaré ante su majestad. El hombre del cual creo que no escuché su nombre, hace una reverencia con su cabeza y se retira con mucha formalidad, para darles paso a otros sirvientes de llevarnos a nuestro lugar de reposo. Como de costumbre preparan mi cálido baño y mis atuendos para lucir espléndido ante la realeza de Bonette. Dado que daremos un recorrido a caballo, llevo una camisa blanca de cuello alto, un chaleco gris de seis botones del mismo color, una chaqueta azul como la profundidad del mar ajustada a mi medida, mangas con una leve altura en los hombros y una cola que llegaba a la altura de mi rodilla; los pantalones que luzco son de color gris de cintura alta un ajustados y unas botas negras un poco más abajo de mis rodillas, mi vestimenta es cómoda, estilizada y perfecta para la ocasión. Tras un momento soy guiado junto con mi acompañante hasta un bello lugar de reposo, este se encuentra casi que en medio de la naturaleza, todas sus perspectivas permiten apreciar los colores de las plantas, arboles, flores y frutos característicos del territorio. - ¡Oh que hermoso día se puede contemplar, sin duda el paisaje más maravilloso! – Digo antes de saludar al rey – Muchas gracias su majestad por invitarme a tan maravilloso lugar, mi padre le extiende a través de mi su agradecimiento. - ¡Oh joven príncipe de Arán! Por fin tengo el gusto de conocerlo, he escuchado mucho acerca del apuesto futuro heredero de tan bellas tierras. – expresa de forma eufórica el rey Octavio quien parece tener problemas de memoria, ya que antes nos han presentado. - El gusto es mío su majestad. El hombre quien parece tener malos cocineros que no velan por su dieta en su reino camina con algo de lentitud debido a sus kilos de más, llega hasta varias mujeres unas menores que otras. - Ellas son mis hijas – empieza a presentarlas una a una y hago un gesto mientras sonrío, pero cierro mis oídos para no tener que recordar tantos nombres a la vez.  - …Y  ella es Victorina, mi hija mayor. - Es un honor saludarla en este día radiante – tomo su mano que es muy suave y delicada, observo su piel y sus finos dedos parecen ceda ante mi tacto; planto un beso en el respaldo de su mano y puedo decir que es un buen comienzo. Tras compartir un té y charlar un poco con su majestad el rey Octavio, su hija Victorina se dedica a escuchar sin pronunciar una palabra. - Creo que ya he hablado suficiente, ¿por qué no dan un recorrido por los verdes caminos? He pedido para usted los mejores caballos de paso para su paseo de la mañana. - Muchas gracias, su majestad. – me pongo de pie y observo hasta lo que parece ser un establo, el lugar es muy limpio y lujoso a pesar de tener animales en él. Un cuidador del lugar llega con dos hermosos caballos de color blanco, de cola frondosa que llevan correas con insignias. Como el hombre caballeroso que soy me ofrezco a ayudar a la joven princesa a montar su caballo. Esta es una actividad que aprendí a hacer antes que hablar por lo que me resulta fácil; al iniciar con nuestra cabalgata contemplamos los paisajes, sentimos la tranquilidad y la fresca brisa. - Parece que disfruta mucho realizar este tipo de actividades – Menciona la joven mientras me observa con una sonrisa. - Si, es algo que me gusta, encuentro paz en los bellos lugares y este sin duda es uno de ellos. – siento que con Victorina puedo charlar con fluidez - A mi padre le encantará saber lo que piensas de sus paisajes. Aunque, ¿quieres saber algo? - Claro – respondo curioso - Existen mejores vistas que las que se pueden contemplar aquí, se encuentran en nuestro reino, quizás en tu estancia aquí puedas acompañarnos y conocer un poco más de Finerland. - Sería maravilloso Todo parece marchar bien, creo que el hecho de haberla visto con anterioridad me hace sentir más en confianza con ella. Luego de estar un poco más retirados de las personas que nos acompañaban la joven Victorina en una propuesta divertida pide hacer una carrera hasta lo que parece ser un árbol frondoso, dudo en aceptar pero ella insiste en ser una gran jinete por lo que no tengo otra opción que darle la orden a mi caballo de correr con la rapidez del viento. La dejo tomar delantera para observarla, es casi que una poesía verla con su cabello suelto hondando en el aire, luce fresca y reluciente, con sus mejillas rosadas y bonita sonrisa. Contemplo un gusto exquisito en su forma de vestir; lleva un vestido de dos piezas, es decir una falta independiente de la chaqueta, muy de la época para estas actividades ecuestres en las mujeres, ambos de un color azul como el cielo. Victorina se adelanta y veo a lo lejos como parece perder el control del caballo, tras un intento de llegar es imposible hacerlo a tiempo, su caballo se ha levantado y la hace caer al verde césped; llego preocupado y bajo de mi caballo a toda velocidad pero me topo con una escena maravillosa, ella se encuentra tendida en el piso sonriéndome, tal parece que le causa gracia lo que ha sucedido - ¿Te encuentras bien? – pregunto preocupado - Estoy más que bien – responde la joven que luego empieza a reír con descontrol de la cómica situación, la observo y luce muy bonita, su sonrisa se torna en carcajadas que al inicio parecen tiernas, pero que al escuchar con más claridad no me gusta,  me detengo un momento para detallarla… ¡pero qué forma más fea de reírse tienes esta mujer! Parece como si un cerdo se atragantara; mi cara se torna de desagrado  y automáticamente ha perdido el poco encanto que había despertado. La joven extiende su mano en una señal para que la ayude a levantarse del piso pero en un reflejo miro en otra dirección hasta el horizonte y no tiene más opción que levantarse por su cuenta.   - Ya que está bien, creo que es hora de volver.- digo para luego montar nuevamente mi caballo - ¿Tan pronto hemos terminado nuestro recorrido? – dice con desilusión - Si, apreciando el clima creo que se aproxima una tormenta, me puedo resfriar. La joven lleva sus manos a la altura de su frente, levanta la vista y mira el cielo tratando de hallar la tormenta. - Pero no observo rastros se una tormenta – dice confundida - Oh, claro que si lo hay, mire allá al fondo de las montañas, creo contemplar una nube gris. - No creo que sea gris – menciona observando con más atención - Claro que lo es, créame joven princesa nunca he fallado con temas referentes al clima, así que volvamos pronto. Cabalgo mi caballo a toda prisa dejando atrás a la joven dama, al llegar le digo a Frederic que quiero irme. Me despido del rey y de sus hijas y dejo al secretario hacer lo que mejor sabe, cubrirme las espaldas.       
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