Sus ojos se agrandaron ante la sorpresa, sin duda nunca pensó que el se atrevería a ir a buscarla. para el también era nuevo la impulsividad. Cuando le conoció la intención de querer cerrar la puerta, la bloqueo, empujó y entro. Detrás, el choque de la puerta se sintió como una ligera explosión. —Sera mejor que te marches, no es prudente que un hombre entre a la casa de una mujer cuando está sola.—A pesar de sus palabras dramáticas no se veía asustada. —No soy cualquier hombre. Soy tu hombre y tú eres mi mujer. —Se movió de forma sigilosa hasta ella, hasta arrinconarla en la pared. —¿Desde cuándo?.—Esa pregunta llegó con altivez. —Desde ayer Rosita. Ahora me dirás que no lo recuerdas.—Toco su mejilla, ella estaba tan perdida como el, sentía su corazón desbocado. —Usted dijo que fue u

