En esos momentos debería estar pensando en su mate, no en Rosita la pasante. Después de hacerla suya, no había un instante en que cada milímetro de su piel no pasará en imágenes circulantes por su mente. Tocó la mancha de sangre en el sofá, antes de salir de su oficina. Ella seguro se había marchado, le daría espacio para no verla y sentirse tentado arrastrarla con el, hasta su Penthouse. Cuando salió, lo comprobó, la oficina estaba vacía...siguió de largo hasta entrar al ascensor y descender. Esa tarde noche no tuvo sorpresas, Danna Sucre no lo abordo, tampoco lo espero a las afueras del edificio donde vivía. Las explicaciones de su ausencia les fueron dadas cuando casi agoniza a media noche, el dolor punzante en su pecho, incluso escalofríos, lo hicieron casi perder el conocimiento.

