CHANTAJE

1680 Palabras

Nunca se había sentido tan invadida, la estremeció su contacto invasivo, el, como su lengua se funcionó con la de ella, para hacer unos malabares deliciosos. El Toro era tan dulce, bravo. Empezó a derretirse en su juego perverso. Más cuando el tocó sus pechos. —¡Ahh!.—Susurro con una dosis caliente de deseo. Apenas esté libero sus labios para besar su cuello. Se estaba deshaciendo en ese tormento.—Señor Taurus, perdóneme. —Por fin las palabras salieron, sin embargo, el no hizo caso. Estaba perdida, tampoco sentía el ascensor elevarse. Solo la determinación de su rostro duro, al verla con lujuria. Cuando intento volver a hablar, la silencio, atrapando nuevamente su boca, hizo un camino de besos hasta su cuello; hasta sus pechos cubiertos. No entendía porqué temblaba tanto, se sentía t

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