¿Qué se supone, debía contestar ante tal absurdo?. Miro con descontrol a su jefe. Este no le basto mentir, se acercó a ella, la hizo sentarse a su lado, como si fuera un objeto de su propiedad. —Tú siempre, tomando la delantera.—La voz del hombre aparte de impasible, sonó pesada. Tal pareciera que guardara un resentimiento con respecto a su jefe. —No tengo la culpa de que coincidamos en gustos.—Su jefe se terminó sentando a su lado, a la vez se avivaba la conversación con uno de sus socios.—Recuerda Zaulo, no me gusta que miren mucho lo que es mío.—Para eso era tarde. Tal pareciera que este no podía apartar la vista de ella. Se sintió incómoda, con la forma atrevida, en que los otros individuos miraban su escote. Con más disimulo, pero igual la incomodidad creaba tensión en su cuerpo.

