Estaba afectada, tomo varias veces café para intentar quitarse el ensueño. A media mañana después de ponerse al día con sus deberes, en especial reservar un almuerzo especial que tenía su jefe con unos socios. Tuvo una visita algo extraña, ya había conversado con ella, pero tampoco tenía intenciones de que fueran las mejores amigas. —Hola Mía. —Buenos días señora Sucre.—Sonrio, con un contorno forzado. No le caí mal, su resistencia a crear un vínculo con esta se debía a su juego, era desleal con su esposo y eso no hablaba muy bien de ella. —¿Puedo pasar?, me gustaría que habláramos un poco.—Ni modo que se negara, cruzo los dedos, esperaba que no tocaran el tema concerniente a su aventura con el señor Recio. —Claro. Puede pasar.—La elegante mujer, no vaciló en entrar. Sentarse con elega

