Yulia se despertó cuando los rayos de la mañana iluminaron su cara, se sentía cálida y en paz, como si estuviera en su lugar seguro. Hacía meses que no dormía tan placidamente y tantas horas seguidas; se estiró gimiendo satisfecha por el descansó que había tenido, pero cuando abrió los ojos de inmediato recordó que no estaba en su habitación y de pronto todos los sucesos de la noche anterior llegaron de golpe a su cabeza, volteó a mirar a su lado y vio a Enzo Robles, su marido resucitado, mirándola con una sonrisa satisfecha en los labios. —Sabes que gimes mientras duermes. — le gustaba como trataba de aligerar el ambiente con comentarios tontos. —Me quejo, no gimo, empecé a hacerlo meses después de tu supuesta muerte, mi psiquiatra dice que es por reprimir el dolor que sentía, sale de f

