Capítulo 1: El Peso de la Corona de Plata El amanecer en las Tierras del Norte ya no era gris. Desde que el eclipse de la Luna de Sangre fue roto, el cielo conservaba un matiz irisado, una estela de plata que recordaba a todos los lobos de la Manada Rosa Negra que su Reina estaba despierta. Pero para mí, esa luz era una presión constante en las sienes. Me desperté antes de que el sol golpeara los ventanales de la habitación real. A mi lado, Michael dormía una siesta inquieta. Su pecho, antes una extensión de calma, subía y bajaba con una frecuencia errática. Alargué la mano para tocar su hombro, pero antes de alcanzarlo, una sacudida eléctrica recorrió mi piel. Michael soltó un gruñido ahogado en sueños y su cuerpo se tensó. Por un segundo, sus venas brillaron con un color naranja incan

