Capítulo-5
La duquesa se encargó de hablar con los Hemsley en nombre del nuevo duque. Alegando que su hijo tenía mucho trabajo con la responsabilidad del nuevo título; los Hemsley no se lo tomaron mal, si no con regosijo; ya que habría boda y con ello estaría salvado el patrimonio familiar.
Lo único que pidió la duquesa es que la boda se celebrará dentro de dos semanas en la recidencia de campo de los Wuiliam; donde reuniría a todas las familias como cada año para celebrar los Juegos más aclamados de Londres y culminar con el anuncio de la boda alegando al amor de los jóvenes y así las habladurías serían más fáciles de enfrentar.
Los Hemsley hubiesen querido más privacidad, así como que fuera en esta semana. Más tenían que conformarse; que serían unos días de más después de todo.
Aunque para Damien Hemsley era una tortura, y más con el hurraño duque ardiendo de celos. No podía permitir que este se quedara solo con su futura esposa. Sea lo que sea que hubo entre esos dos tendría que quedar en el pasado.
En Wuiliam House, cuando la duquesa informó de los planes en el desayuno, Eduard explotó.
———- Acaso no le dije madre que una boda con el luto es imposible——- su voz retumbó en el comedor haciendo saltar a las criadas y a las damas presentes.
Lady Clare intentó tomar la mano de este pero esta permanecía en un puño. Katherine se quedó anonadada, ante la rabia que mostraba el rostro estoico de Eduard. Sería posible que esté la amara.
Su corazón quería latir como un tonto. Pero no quería darle esperanzas en vano.
La duquesa Wuiliam que se esperaba el arrebato de su hijo ni si quiera se inmutó y fingiendo una sonrisa. Le respondió a su hijo.
——— Primero que todo me respetas, segundo como te dije ayer si Katherine está enamorada no sé cuál es el problema. Una boda antes o una después. Hasta tú podrías adelantar tú boda con Lady Clare, sabes que no me pongo más joven y necesito pequeños en esta casa——-
Lady Clare fingió vergüenza, y a la pelinegra se le rompió un poco más el corazón al pensar en los hijos que podrían tener Eduard y la rubia. La familia que tendrían. Dolía mucho, su pecho ardía. Tuvo que tomar un vaso de agua apresurada para salir de sus pensamientos cuando se atraganto con el mismo llevando toda la atención a ella. Ya que el duque se levantó, llegando a su lado con una servilleta.
———-¿Estas bien?——-
Quiso saber el mismo dándole suaves palmadas.
Katherine asintió agradecida, después que pudo volver a respirar. La rubia estaba que echaba chispas, ardiendo de rabia. Lo que más deseaba era casarse con el duque y estar lo más lejos posible de la pelinegra.
Eduard salió de su trance volviendo a su asiento después que Katherine se recompusiera. Disculpándose con los presentes.
Sus ojos no se podían apartar de ella, la cual vestía tan hermosa como siempre con un vestido de color rosa pálido. Aunque en sus ojos había tristeza, dolor, incluso rabia cuando se topaban con los suyos. Cosa que debería ser al revés. Esa mujer estaba jugando con su cordura. No podía volver a caer ante su inocencia. Debía recordar que Katherine era una mentirosa.
Una mujer hermosa envuelta en mentiras; como el más dulce veneno que podría probar un hombre y llevar a la muerte.
———- Está bien me rindo, como usted desee madre. Habrá boda——— dictaminó el duque. Aquellas palabras le supieron amargas.
Eduard se levantó despidiéndose de las damas y saliendo lo más rápido de allí, antes de cometer una locura.
Katherine en cambio se quedó echa un desastre tenía ganas de llorar, gritar, golpear a ese patan. Reclamarle tantas cosas. Tantas que se estaba tragando en ese momento.
Pero solo le quedaba sonreír como si estuviera satisfecha de la dicha ante la duquesa.
—— Su exelencia iré a avisarle a Lady Brigit——- se excusó la pelinegra dando por terminado el desayuno también para partir hacia la recidencia de su mejor amiga que quedaba cerca. Pero la duquesa la detuvo con sus palabras.
——— Querida, deberías llevar a Lady Clare para que así ambas compren vestidos nuevos, y se hagan buenas amigas ¿no te parece? ——-
La chica asintió, no podía decirle que no a la que la crió como una madre. Aunque lo menos que quería era estar junto a la señorita perfecta que le robó el Corazón de Eduard.
————¿Te gustaría querida?——- esta vez la duquesa dirigió su atención a la rubia la cual sonrió ampliamente, fingiendo que aquello la hacía muy feliz, asintiendo.
La duquesa se quedó satisfecha viendo a ambas mujeres partir juntas con las doncellas más atrás.
En un silencio que se podría cortar con unas tijeras subieron ambas ladys al carruaje que ya las esperaba siendo ayudadas.
Katherine concentró su atención en el paisaje, retorciéndose los dedos enguantados, cuando el carruaje se puso en marcha.
Lady Clare en cambio la miro fijo, con molestia, cuando ambas chocaron las miradas la rubia habló sorprendiendo a la pelinegra por la tosquedad de sus palabras.
——- Se que tuviste algo con el duque, pero no me importa, porque tienes que saber que es mío. Solo mío. Será mi esposo dentro de nada y el padre de mis hijos——
——— Yo no sé—- no sé de lo que hablas. Lady Clare creo que se está confundiendo.
——— No querida la confundida eres tú. Ese cuento de hermanitos déjaselo a la duquesa. Esa carita que pones de inocente haciéndole ojitos a un hombre comprometido, te hace una mujer sin moral——-
——— Como se atreve——- jadeo Katherina antes las palabras agresivas de la rubia la cual se lanzó tomando a la pelinegra del cabello con fuerza manteniéndola fija cuando esta se intentó defender.
——— Me atrevo porque sé de lo que hablo; si no quieres dejar de ser una Lady y que Londres y el mundo te escupa te aconsejo que te mantengas lejos del duque. Porque te juro que le diré hasta la duquesa. ¿Entendido Katherine?
La pelinegra asintió con rabia ante las amenazas de la rubia que la soltó bruscamente. Satisfecha con su trabajo la rubia suspiro y se relajó en su lado del carruaje mirando hacia la ventanilla.
Cuando llegaron ambas a la recidencia de los Asthon. Lady Clare fue la primera en bajar siendo escoltada por su doncella y luego Katherine.
Lady Brillet Aston ya las esperaba en la entrada, la cual corrió al ver a su amiga para abrazarla dándole un breve asentimiento a la rubia a modo de saludo.
———- Kae que bueno que viniste. Estaba a punto de enloquecer con mamá y su afán de que encuentre prometido. Tienes el pelo de este lado un poco desacomodado———-
——— Tranquila solo es el aire del carruaje——-excuso Kae.
Lady Clare disimulo una sonrisa maliciosa sacando un abanico. Justo cuando Lord Bairon Aston se acercó a la rubia.
———- Usted debe ser la hermosa prometida de mi mejor amigo. Encantado de conocerla Lord Bairon Asthon a su servicio——-
——— Lady Clare Milord para mí también es un placer———-
El galante pelirrojo besó su mano, haciendo que la rubia se sonrojara y luego pasó a saludar a Katherine.
——— Lady Katherine déjeme decirle que usted no se queda atrás cada vez más bella———
Katherine sonrió hacia el marqués; el cual era un coqueto por naturaleza pero de buen corazón.
——- Gracias Milord, usted siempre tan galante. ¿Le gustaría escoltar a Lady Clare para enseñarle la propiedad en lo que yo y Lady Brillet nos ponemos al día? Digo si no te parece mal querida——— se dirigió a la rubia la cual negó.
———Para nada Lady Katherine, estoy ansiosa por descubrir esos jardines de los que me habla Eduard que jugaba de Niño.———
Eso fue un dardo directo para la pelinegra. La cual tragó asintiendo viendo cómo el mejor amigo de Eduard le ofrecía el brazo a la rubia y marchaban precisamente hacia esos jardines, con la caravana de doncellas.
Cuanto le habría contado el duque a esa arpia de su vida. De ellos.
Katherine se sentía a morir por dentro a punto de derrumbarse, su amiga se dio cuenta y le apretó una de sus manos.
——— Ay Kae por Dios no me gusta verte así, martirizándote. Cuando te veo así te juro que no me gustaría enamorarme———
——— No digas eso Brilllet, el amor es hermoso que algunos nos salga mal, no es culpa del amor si no de las personas que lo sienten o que engañan——-
———- Mejor dejemos eso atrás y vamos a mi habitación a levantarte ese animo y me cuentas como terminaste viniendo con la señorita doña perfección———-
Katherine se le escapó una media sonrisa cuando su amiga imitó a Lady Clare.
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Más tarde las tres damas se encontraban en una de las boutiques más caras de Londres; donde Madame Gorafloeur diseñaba los más hermosos vestidos de toda señorita, con telas traídas en barco desde Francia, Paris, America y España.
Lady Clare era la más exigente en cuanto a gustos. Katherina a penas había elegido cuatro vestidos y Lady Brillet era de esas damas indecisas que se miraban en el espejo una y otra vez.
Allí también se encontraba Lady Diana Kerrinton junto a su hermanastra Lady Helen Kerrinton. La primera que era la protagonista del escándalo de la temporada, junto al duque Gabriel Ibis. Siendo tímida, con curvas, y mejillas regordetas la cual le hacían ser también objeto de burla por parte de su hermanastra; la cual la criticaba cruelmente por cada vestido que esta se probará.
A esto se unió Lady Clare haciéndose amiga rápidamente de Lady Helen Kerrinton. Como si hubieran hecho click ambas.
Katherine que se encontraba ajena a todos cuando vio el tormento que estaba sufriendo Lady Diana se acercó a auxiliarla.
La pelinegra a penas conocía a la chica más allá de los rumores que circulaban. Pero aún así no pudo evitar ir hacia ella.
——— Creo que este color te quedaría mejor——- le ofreció un verde del color de los ojos de la chica, que nada tenia que ver con el amarillo chillon que llevaba.
Lady Diana lo tomó con pena; sin saber si esa hermosa dama sería igual de cruel que su hermanastra y la mayoría de la sociedad; las cuales solo la veían por su peso,juzgándola , burlándose.
Pero Lady Katherine le sonrió amable.
Lo que hizo que Lady Clare y Lady Helen; refunfuñaran.
——- A esa gorda nada le queda, ni aunque le des seda——— soltó esta última despectivamente.
——— No les hagas caso eres preciosa——- repuso la pelinegra.
Y así fue como nació una amistad entre Lady Diane Kerrinton y Lady Katherine; luego se les sumó Lady Brillit.
Kae les informó a ambas los planes de la duquesa de celebrar Los juego en el campo, omitió lo de la boda como se encontraba Lady Diane. Pero esperaba más adelante poder decírselo.
Lady Diane no estaba muy convencida de ir. Lo de ella eran los libros y la compañía de su pequeño gato. Después que su padre falleciera y quedara al cuidado de su madrastra, su vida había pasado de ser un cuento de hadas a un Infierno, donde ella era la sirvientes de su propia casa.
La única locura que había hecho fue la de enredar a dicho caballero todo por un malentendido. Dicho caballero que también la odiaba. Por lo que sus sueños de contraer nupcias por amor algún día también se habían roto.
——-No acepto un no por respuesta Lady Diane, estoy segura que se divertirá mucho en los juegos——- repuso la pelinegra
——— Y estará también su prometido junto a su hermana——- agregó Lady Brillit.
——— Esta bien lo consultaré con mi madrastra——— contesto Lady Diane después de un rato para no desilusionar a sus nuevas amigas.
Aunque sabía bien que su madrastra se negaría completamente.
Las damas salieron de la boutique encontrándose con el panorama de que Lady Clare y Lady Helen se encontraban reunidos con los duques Ibis, y el duque Wuiliam en plena avenida.
Lady Katherine se congeló en el lugar cuando sus ojos se encontraron con los de Eduard.
Lady Brillet fue la que la obligó a caminar dándole un suave empujón para que reaccionara.
Lady Diane por otro lado bajo la cabeza ante la mirada de odio de cierto caballero.