Ignacio la bajó de golpe al suelo, todavía con la respiración agitada y la polla dura palpitando. Sus ojos oscuros brillaban con una mezcla de rabia y lujuria pura mientras la miraba de arriba abajo. —Quítate todo —ordenó con voz grave y autoritaria—. Ahora. Quiero verte completamente desnuda en mi oficina como la puta descarada que eres. Valentina sintió un escalofrío de excitación recorrerle la espalda. Sin apartar la mirada de él, se quitó la blusa lentamente, dejando caer la prenda al suelo. Luego se deshizo del sujetador, liberando sus pechos firmes y pesados, con los pezones ya duros como piedras. Se bajó los jeans y las bragas con deliberada lentitud, quedando completamente desnuda frente a él, solo con los tacones puestos. Ignacio se sentó en su sillón de cuero n***o, abriendo l

