Valentina se removía inquieta entre las sábanas de Martín, con el cuerpo aún caliente por el sexo de la noche anterior. De pronto, el sueño la arrastró hacia un lugar oscuro y doloroso. Estaba de nuevo en el patio del colegio público, con el uniforme viejo y desgastado. Tenía trece años. Un grupo de chicas la rodeaba, riendo con crueldad por su aspecto desaliñado. —Mira a la huérfana —se burlaba la líder del grupo, una chica rubia, alta, de dientes perfectos—. Su mamá la dejó porque era demasiado fea y pobre. Hasta su abuela parece una mendiga. Otra le tiró del cabello con fuerza. —Dicen que su mamá se fue con un hombre rico y la dejó tirada como basura. ¿Verdad, Valentina? ¿Tu mamá es una puta? Las risas estallaron. Alguien la escupió en la cara. Otra la empujó contra el suelo, donde

