Capitulo 28

1442 Palabras

"Ahora, ¿está mejor mi coño?" preguntó la Señora. "¡Sí, Ama!", respondió. Su látigo golpeó el costado de su pierna. Eva imaginó abrirse de piernas para recibir su polla, y cómo la sentía presionándola, desgarrándola por dentro. El coño de Eva se convulsionó involuntariamente, y oleadas de orgasmo la invadieron, sin poder detenerlo. Eva gemía y se retorcía, habiendo perdido por completo el control de su cuerpo, solo para ceder a su lujuriosa respuesta. La Ama se apartó de él, y él pareció suspirar de alivio al intentar no correrse dentro de ella. Ella le reinstaló el aparato y le dio unos latigazos más. "¡No hasta que yo lo diga!", exclamó. "Veo que nuestra protegida disfrutó del espectáculo", comentó la Ama. "Bájala y recuéstala sobre el banco". La sirvienta se levantó y recolocó el ban

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