La cara de ella se volvió blanca, sentía que se iba a desmayar. –Esta cometiendo un grave error, policía. –Dijo Carmela. –Lo siento pero lo tenemos que llevar. –No se lo van a llevar. –Nerviosa. –No lo haga más difícil, es difícil para el. –Voy a salir en poco tiempo, hermana, no van a encontrar nada. El policía se pone detrás de Nicolás y agarra sus manos para esposarlas. –Se van a arrepentir. –No amenace, señora, mejor consígale un buen abogado para su hermano. Lo sacan de la casa y hacen que entre al auto. Carmela cierra su mano y golpea la puerta. –Esto no puede estar pasando. –Tira su pelo. –Yo sabia que no podía quedarme sentada, no puedo dejar que me arruine esa mujer. –Alterada. –Me las va a pagar, ahora va a saber quien soy yo. –Enloqueciendo. Vanina miraba a su hija d

