Se miraron por un momento, Vanina al fin abrió la boca para hablar.
–Estuve pensando, hay una cosa que tienes que saber.
German iba a hablar pero ella lo interrumpe.
–Cuando te dije ayer, es porque te dije la verdad, yo no soy una mujer para estar en pareja por eso tienes que saberlo y si no estas de acuerdo, podemos terminar aquí.
–No entiendo. –Confundido.
–No vamos a ser una pareja pero lo nuestro va a ser una amistad amorosa, sin celos y nuestra libertad va a estar por encima de las cosas.
El bajo la mirada antes de contestar, nunca antes le habrían propuesto de una amistad amorosa, no tenia nada para perder, capaz iban a cambiar las cosas para mejor cuando la relación cambiara.
La miro y sonríe.
–Esta bien, acepto esa proposición. –Contento.
Ella suspiro de alivio y le devolvió la sonrisa.
–Tenia que decírtelo.
–Por eso nunca se supo de sus amoríos.
–También mantengo mi vida privada a salvo pero ya no quiero hablar de mí, solo quería que entiendas. –Seria.
El agarra suavemente su mano y se miran.
–Lo se y gracias. –Besa su mano.
Quedaron una hora charlando, no dejaban de reír y el la escuchaba atentamente, Vanina mira su reloj y se levanta.
–Me olvide completamente, me va a matar. –Alterada. –Tengo que irme, ¿nos vemos mañana?
–Claro, nos vemos en mi casa si quieres.
–Si, a la misma hora, nos vemos mañana.
El miro sus labios, quería besarla, lo mismo pasaba con ella, se mordió el labio, conteniéndose, no podía besarlo en un lugar público, su corazón latía rápido, al igual que el de German, la tensión entre ellos dos había crecido, le dio un beso en la mejilla.
–Cuídate. –Le dijo.
Salio corriendo de la cafetería y entro a su auto, enciende el motor y acelera.
Se tomo un tiempo para que su corazón deje de latir rapidísimo. Nunca había sentido las ganas de besar a alguien, la adrenalina en el alma de Vanina se hacia cargo de su cuerpo, se sentir viva, hasta se había olvidado de los planes que tenia.
–La cena con Matilda y las marcas va a empezar un poco más tarde. –Piensa.
No podía creer que se había olvidado de eso, tenía tantas cosas que preparar.
Llega a su casa y rápidamente se cambia de ropa. Eran las 8 de la noche, por suerte no iba a llegar tarde, estaba aliviada, escucho que su celular estaba sonando y atendió.
–Hola Matilda, ya estoy lista, en un rato estoy allá.
–Dale, todavía no llegaron, te espero.
Corta la llamada y sale de su casa, entra a su auto y condice con normalidad.
Carmela sale del coche con su esposo, ve a su hijo que estaba caminando hacia ellos.
– ¿Cómo estan? No sabia que ibas a estar aquí, mamá. –Nervioso.
–No me iba a perder esta reunión, voy a tener mis ojos en ti.
–Yo voy a hacer lo que quiera. –Cansado.
–Vamos hijo, nos esperan en la mesa 8. –Su padre cambia la charla.
Padre e hijo entran al restaurante.
–No te preocupes, hijo, no va a pasar nada.
–Lo se. –Sonríe.
Encuentran a Matilda y se estrechan las manos.
–La señora Clement va a llegar enseguida.
–Espero que la señora sea puntual. –Dijo Carmela.
–Claro que lo es. –Sonríe.
Vanina sale de su coche y entra al restaurante, ve a Matilda con German, estaba sorprendida, había una mujer y un hombre, parecía que eran un matrimonio. Vio a la mujer que estaba muy seria, trago saliva y camino hasta ellos.
–Gracias por esperarme.
Se sientan y toman una copa de vino, German y ella se sonríen, cosa que enojo a Carmela, no estaba dispuesta a permitirlo.
–Tenemos cosas para charlar, no creo que le sonría a mi hijo toda la noche.
Mira a la señora mayor y frunce el ceño.
– ¿Es su hijo? –Pregunta.
–Si, los 3 somos dueños de la compañía pero yo no estoy trabajando en la empresa. –Seria.
–Claro que vamos a hablar, de su hijo me encargo después. –Sonríe.
German empezó a reírse, le había encantado ese comentario, cosa contrario le pasó a su madre, cuyo comentario le provoco la ira.