Era de madrugada, Vanina estaba durmiendo y no dejaba de moverse, hablando incoherencias. Sentía sus manos atadas, el dolor corría por su cuerpo, la oscuridad la atravesaba, empezó a gritar y se despertó sobresaltada, con un nudo en la garganta. Su respiración era rápida y sentirse a salvo, su respiración volvió a la normalidad.
German estaba acostado en su cama, sin poder dormir, estaba contento con la noche que había compartido con ella pero estaba desconcertado con lo que había dicho.
– ¿La idealizo? Eso no es verdad, tengo que demostrarle que esta equivocada, tiene que saber que la quiero, no puedo más.
Se levanto de la cama a buscar un vaso de agua.
Al otro día, Vanina se había levantado de su cama. Después de una hora, ya estaba bañada y cambiada, a punto de desayunar. Puso a tostar las tostadas cuando escucho el timbre de su casa. Camino hasta la entrada, viendo a un joven con un gran ramo de flores.
– ¿Vanina Clement?
–Si, soy yo.
Le da las flores y ella firma la hoja. Cierra la puerta y agarra la tarjeta.
“Me comporte como un tarado, perdóname”.
Ella tira su cabeza para atrás y suspira, pensaba que las flores eran de parte de German pero estaba equivocada.
–Esto se tiene que terminar, se paso de la raya.
Tiro las flores a la basura y saco sus tostadas.
Empezó a tomar su café y intento leer el diario pero lo dejo en la mesa, las manos estaban en su cabeza. Intentaba estar tranquila pero tenían un montón de cosas en la cabeza, dudas y dudas, una de ellas era German, ese intento de alejarse de el, no sabia si era miedo o estaba sintiendo algo de atracción hacia ese hombre.
Miro su celular por un minuto, estaba en ella si empezar una amistad con el aunque no sabia como iba a reaccionar.
–Va a reaccionar de la misma manera como todos, el solamente hace un papel de hombre bueno para que me fije en el. –Piensa.
Agarra su celular y busca su número para mandarle un mensaje.
German estaba revisando unos archivos cuando escucha el sonido de su celular, mira la pantalla y ve que era Vanina. Lee el mensaje y sus ojos empezaron a brillar.
“¿Estas libre hoy?”
Escribe el mensaje y se lo envía.
Ella lee el mensaje y sonríe.
“Estoy libre a las 5, ¿dónde nos vemos?”
Envía el último mensaje.
“Esta bien, nos vemos a las 5 en la cafetería en la que esta frente a la plaza de la calle Juncal, besos”.
German termino de leer el mensaje, estaba muy contento, no dejaba de sonreír, realmente la quería volver a ver. Sabia que las cosas iban a salir bien.
Dejo su teléfono en la mesa y vio que su madre lo llamaba, dejo que sonara, nadie iba a arruinar la felicidad que sentía.
–No me quiere atender.
Miro a Mónica, negó con la cabeza.
–Ayer no hable con el, se que debe andar en algo y estoy segura que es con ella.
– ¿Y su esposo no hablo con el?
–Solo dice que esta ocupado, no me habla de el casi.
–Ya no se que hacer, me aleje de el pero es peor.
–No podemos hablar con esa mujer, el se va a enterar.
–Pero no perdemos nada haciendo eso, yo me encargo.
–Te doy toda mi confianza.
–Al menos hacer algo para que el se decepcione de ella.
–Seguramente debe tener algo que la avergüence.
–Seguro, todos tenemos un muerto en el placard, nunca se le conoció una pareja sentimental.
–Y justo a mi hijo tuvo que enganchar, solamente espero es que lleguemos a tiempo, no soportaría que ella sea la pareja de mi hijo.
–No lo será, eso déjemelo a mí. –Decidida.
Era la tarde, Vanina subió a su auto y condujo hasta la cafetería, tenía puesto una camisa blanca con un pantalón n***o alto hasta la cintura. Llega a su destino y sale del auto, ve a German sentado en una de las mesas de la ventana. Se puso los anteojos de sol y entro. El se dio cuenta que estaba adentro, la miro, estaba más hermosa que nunca.
–Hola German. –Sonríe. –Vayamos a la parte de atrás, nadie nos va a molestar ahí.
Ellos caminaron hasta el fondo de la cafetería y se sentaron, frente a frente.
Vanina no lo quería aceptar pero lo veía tan apuesto, con su pequeña barba, sus ojos color miel, su pelo castaño. Bajo la mirada y respiro hondo.
– ¿Qué me querías decir, Vanina? –Animado.