Estar encerrados en la nieve durante el Día de Acción de Gracias resultó ser tan divertido que lo hicieron durar todo lo que pudieron. Mucho tiempo después de que volviera la electricidad, seguían dando vueltas por la cabaña de Russell, hablando, cocinando y haciendo el amor. Russ disfrutaba mucho enseñando a Riley a disfrutar del sexo. Ella demostró ser una alumna apta y ansiosa. Pero por fin llegó el momento de que salieran de su nebulosa de placer y se reconectaran con la vida real. El domingo, Russell le mostró a Riley su enorme garaje, donde le esperaba una moto de nieve. Ella miró la máquina con nerviosismo. —Supongo que nunca has montado antes —sugirió él. —No —respondió ella—. Y un amigo mío se rompió el brazo con una en el instituto. —Aunque el tono de la muchacha er

