Anoche no había podido dormir bien, por culpa de que el alcohol hacía que todo girara a mi alrededor y aunque hubiera querido, no podía dejar de mirar mi teléfono por si Carolina respondía. Desperté con la boca seca y la cabeza me latía con violencia. Luego de comer algo, revisé mis mensajes y no había nada ahí, ninguna señal de mi novia. Esperé unas horas más, pero no respondió nada y estaba comenzando a entrar en pánico. No sabía que hacer, así que tomé mi teléfono y llamé a mi mejor amigo. —¿Cómo está la resaca? —pregunté divertido. —De puta madre, no vuelvo a beber nunca más —ja ja ja, que chistoso eres... —ironicé. —¿Y tú? ¿Hablaste con esa novia tuya? —preguntó Marcos —No, y se llama Carolina —murmuré entre dientes. >, me cuestioné. —Bueno, como sea. ¿Por qué me ll

