Luego de la conversación con mi prima, intenté no darle más vueltas al asunto de Aaron y tomé la chaqueta que tenía más cerca, mi teléfono y las llaves de casa. Bajé las escaleras de dos en dos, haciendo un esfuerzo mental y físico para no acabar rodando en mitad del camino. —¡Hey! Ten un poco de calma, Caro —gritó mi prima desde el segundo piso. Di media vuelta y la vi de pie fuera de mi habitación con una sonrisa en el rostro—. Suerte y sin miedo. —Así será, gracias —le lancé un beso al aire y abrí la puerta para ir a casa de Aaron. No había motivo para seguir en esta ridícula situación. Yo lo amaba, y él a mí. ¿Por qué no solo nos dedicamos a eso, a nosotros? Di unos pocos pasos hacia la acera y vi a papá bajar de su auto. —¿Qué pasa? ¿Qué haces aquí fuera? —pregunto. Su rostro so

