Corrí por los pasillos de la Universidad con toda la velocidad que mi cuerpo me permitió en ese momento y me detuve solo cuando estuve frente a la sala de clases. Observé por la pequeña ventanilla de la puerta y suspiré con alivio cuando no vi al profesor ahí dentro. Abrí la puerta e ingresé al salón. Samanta me hace señas extrañas para que me acerque a ella, y así lo hago. Me siento a su lado, en la silla disponible. —¿Así que… todo bien? —cuestiona. Evado la pregunta. —Gracias por salvarme. Te debo una. Vale mencionar que tenía que entregar un trabajo junto a Sam, Robert y Samuel para hoy, pero con todo el problema con Carolina, se me olvidó por completo y Samanta cubrió mi parte del trabajo. —No es nada. Es una manera de agradecer que me hayas escuchado el otro día, ya sabes

