Me siento tan imbécil, pero tan imbécil y me siento aún más idiota al seguirla en silencio hasta ver que ella entra por la puerta de su casa. No puedo permitirme que además le pasara algo en el camino solo porque la eché de mi casa. Le dije algo horrible a mi novia ¿Cómo quería que ella reaccionara? ¡Es obvio que iba a salir corriendo, la eché de mi casa! Camino de vuelta a casa con la mirada fija en el suelo. Tengo ganas de gritar, de darle un golpe a cualquier cosa e incluso tengo ganas de llorar. Dije lo que dije en un estado de rabia desmesurada, pero todo se calmó dentro de mí al ver a Carolina derramar una lágrima. Nunca voy a perdonarme esto, nunca. Entro a casa y mi madre me da una mirada de reproche, porque es obvio que algo sospecha. —¿Qué? —cuestiono a la defensiva. —

