Carolina y yo hemos pasado una agradable tarde juntos. Vimos una película en mi habitación y comimos mucha comida chatarra. Si seguíamos así, de seguro en un tiempo más seríamos dos grandes bolas de grasa. Dicen que cuando se está en pareja se aumenta aproximadamente siete kilos. Dios, apiádate de nuestra gordura>>, ruego en mi mente. Miro de reojo a mi novia, quién se encuentra tumbada sobre mi regazo. Su respiración es lenta y controlada. —¿Amor? —susurro. Llevo una mano hacia su cabeza y dejo suaves caricias sobre su cuero cabelludo—. ¿Caro, estás durmiendo? Ella ronronea suavemente y se acurruca más a mis piernas. Sonrío al notar que ninguno de los dos tomó en serio la película que se reproduce en mi computador. Mi teléfono resuena por la habitación y frunzo las cejas a

